" a todos los niÑos de este grupo. esos pequeÑos que saben tener una conversaciÓn secreta con dios "


#1

Henry Graham Greene dice: "El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños". En México, ayer celebramos el día del niño. Existen en todo el mundo rechas y modos distintos para la celebración de un día tan importante en el calendario cívico.

En lo personal, ayer me rodié de pequeños y ésto me sirvió para hacer una reflexión en voz alta en torno al tema. Será porque en los niños siempre, siempre encuentro una gran escuela de vida que me deja múltiples lecciones, entre otras:

A un niño no le faltan motivos para ser feliz, le sobran argumentos para estar alegre y sonreir.

Su mundo no se mueve en la angustia y los sinsabores de la prisa, sino en la magia que provee el amor.

Por la noche, al acostarse, están satisfechos de haberse entregado a plenitud a gozar, a disfrutar palmo a palmo el dia que concluye.

Un niño no encuentra un sólo pretexto para el desánimo.

Ellos viven cada instante de su vida a plenitud, haciendo las mediocridades a un lado.

Tienen el ego -que tanto daño hace a los adultos- reducido a la mínima expresión.

No avanzan desacreditando a nadie, mucho menos apropiándose de méritos ajenos.

Los niños saben reir de la vida y con la vida, reir de sus éxitos y sus errores.

Hacen que con su visión positiva de la vida, cada instante valga la pena.

Sanan con una facilidad alquímica, porque su vida se fundamenta en el amor, en una autoestima elevada y una autoaceptación incondicional.

Jamás desaprovechan oportunidad alguna para ser felices.

Son cuaderno en blanco, dispuestos siempre al aprendizaje diario.

En cada instante experimentan la envidiable sensación de una sonrisa, que los convierte en un haz de luz en la tierra.

No engañan con emociones escondidas, trasluciendo una vida llena de autenticidad y congruencia.

Los niños, en su humana pequeñez, son un buen ejemplo de que la vida pasa y quedan las lecciones, de caer y levantarse sin buscar culpables.

Ellos son sembradores netos de amigos.

Con los juegos de vida que practican, son contagiadores naturales de la felicidad.

Los niños -a pesar de su corta edad-, son unos gigantes. Dios los utiliza como ejemplo para que sean una escuela que nos invita a vivir siguiendo sus enseñanzas y descubrir los cientos de milagros que la vida tiene.

A ellos no les falta nada para ser plenos, gozan lo que son y como son, disfrutan lo que tienen.

Jamás sufren con problemas imaginarios.

La felicidad es su camino. Para ellos todos los escenarios de la vida son policromos, porque están pintados con el color del entusiasmo.

A pesar de miserias, penurias, hambres, abandono, dolor, enfermedad, tienen la extraordinaria capacidad de ver la vida a través del cristal del optimismo.

LOS NIÑOS PARECIESE QUE SON ÁNGELES QUE EN SU ALEGRÍA SIN PAR, SOSTIENEN UNA CONVERSACIÓN SECRETA CON DIOS.

Henry Graham Greene dice: "El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños". En México, ayer celebramos el día del niño. Existen en todo el mundo rechas y modos distintos para la celebración de un día tan importante en el calendario cívico.

En lo personal, ayer me rodié de pequeños y ésto me sirvió para hacer una reflexión en voz alta en torno al tema. Será porque en los niños siempre, siempre encuentro una gran escuela de vida que me deja múltiples lecciones, entre otras:

A un niño no le faltan motivos para ser feliz, le sobran argumentos para estar alegre y sonreir.

Su mundo no se mueve en la angustia y los sinsabores de la prisa, sino en la magia que provee el amor.

Por la noche, al acostarse, están satisfechos de haberse entregado a plenitud a gozar, a disfrutar palmo a palmo el dia que concluye.

Un niño no encuentra un sólo pretexto para el desánimo.

Ellos viven cada instante de su vida a plenitud, haciendo las mediocridades a un lado.

Tienen el ego -que tanto daño hace a los adultos- reducido a la mínima expresión.

No avanzan desacreditando a nadie, mucho menos apropiándose de méritos ajenos.

Los niños saben reir de la vida y con la vida, reir de sus éxitos y sus errores.

Hacen que con su visión positiva de la vida, cada instante valga la pena.

Sanan con una facilidad alquímica, porque su vida se fundamenta en el amor, en una autoestima elevada y una autoaceptación incondicional.

Jamás desaprovechan oportunidad alguna para ser felices.

Son cuaderno en blanco, dispuestos siempre al aprendizaje diario.

En cada instante experimentan la envidiable sensación de una sonrisa, que los convierte en un haz de luz en la tierra.

No engañan con emociones escondidas, trasluciendo una vida llena de autenticidad y congruencia.

Los niños, en su humana pequeñez, son un buen ejemplo de que la vida pasa y quedan las lecciones, de caer y levantarse sin buscar culpables.

Ellos son sembradores netos de amigos.

Con los juegos de vida que practican, son contagiadores naturales de la felicidad.

Los niños -a pesar de su corta edad-, son unos gigantes. Dios los utiliza como ejemplo para que sean una escuela que nos invita a vivir siguiendo sus enseñanzas y descubrir los cientos de milagros que la vida tiene.

A ellos no les falta nada para ser plenos, gozan lo que son y como son, disfrutan lo que tienen.

Jamás sufren con problemas imaginarios.

La felicidad es su camino. Para ellos todos los escenarios de la vida son policromos, porque están pintados con el color del entusiasmo.

A pesar de miserias, penurias, hambres, abandono, dolor, enfermedad, tienen la extraordinaria capacidad de ver la vida a través del cristal del optimismo.

LOS NIÑOS PARECIESE QUE SON ÁNGELES QUE EN SU ALEGRÍA SIN PAR, SOSTIENEN UNA CONVERSACIÓN SECRETA CON DIOS.

Henry Graham Greene dice: "El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños". En México, ayer celebramos el día del niño. Existen en todo el mundo rechas y modos distintos para la celebración de un día tan importante en el calendario cívico.

En lo personal, ayer me rodié de pequeños y ésto me sirvió para hacer una reflexión en voz alta en torno al tema. Será porque en los niños siempre, siempre encuentro una gran escuela de vida que me deja múltiples lecciones, entre otras:

A un niño no le faltan motivos para ser feliz, le sobran argumentos para estar alegre y sonreir.

Su mundo no se mueve en la angustia y los sinsabores de la prisa, sino en la magia que provee el amor.

Por la noche, al acostarse, están satisfechos de haberse entregado a plenitud a gozar, a disfrutar palmo a palmo el dia que concluye.

Un niño no encuentra un sólo pretexto para el desánimo.

Ellos viven cada instante de su vida a plenitud, haciendo las mediocridades a un lado.

Tienen el ego -que tanto daño hace a los adultos- reducido a la mínima expresión.

No avanzan desacreditando a nadie, mucho menos apropiándose de méritos ajenos.

Los niños saben reir de la vida y con la vida, reir de sus éxitos y sus errores.

Hacen que con su visión positiva de la vida, cada instante valga la pena.

Sanan con una facilidad alquímica, porque su vida se fundamenta en el amor, en una autoestima elevada y una autoaceptación incondicional.

Jamás desaprovechan oportunidad alguna para ser felices.

Son cuaderno en blanco, dispuestos siempre al aprendizaje diario.

En cada instante experimentan la envidiable sensación de una sonrisa, que los convierte en un haz de luz en la tierra.

No engañan con emociones escondidas, trasluciendo una vida llena de autenticidad y congruencia.

Los niños, en su humana pequeñez, son un buen ejemplo de que la vida pasa y quedan las lecciones, de caer y levantarse sin buscar culpables.

Ellos son sembradores netos de amigos.

Con los juegos de vida que practican, son contagiadores naturales de la felicidad.

Los niños -a pesar de su corta edad-, son unos gigantes. Dios los utiliza como ejemplo para que sean una escuela que nos invita a vivir siguiendo sus enseñanzas y descubrir los cientos de milagros que la vida tiene.

A ellos no les falta nada para ser plenos, gozan lo que son y como son, disfrutan lo que tienen.

Jamás sufren con problemas imaginarios.

La felicidad es su camino. Para ellos todos los escenarios de la vida son policromos, porque están pintados con el color del entusiasmo.

A pesar de miserias, penurias, hambres, abandono, dolor, enfermedad, tienen la extraordinaria capacidad de ver la vida a través del cristal del optimismo.

LOS NIÑOS PARECIESE QUE SON ÁNGELES QUE EN SU ALEGRÍA SIN PAR, SOSTIENEN UNA CONVERSACIÓN SECRETA CON DIOS.


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