Claves para ayudar al l@s niñ@s y jóvenes con diabetes


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Claves para ayudar al l@s niñ@s y jóvenes con diabetes.

Todas aquellas personas que forman parte del entorno de niño con diabetes (familiares, profesores, amigos…) tienen que recibir información acerca de lo que es la DM y cómo deben actuar ante determinadas situaciones. Hay que buscar, encontrar y mantener el equilibrio emocional del niño, para desafiar a su trastorno metabólico y conseguir la independencia y el autocontrol de nuestro pequeño amigo.

No debemos magnificar los problemas, sino afrontarlos de la forma más natural. En muchas ocasiones el niño puede ver a su diabetes como un castigo, o sentirse culpable al tener que inyectarse la insulina, pincharse los dedos para realizarse los autoanálisis, o tener unas restricciones alimenticias a las que no obedecen el resto de sus compañeros.

El profesor tiene que ayudar al niño en su proceso de entendimiento y asimilación de aspectos generales y diabetológicos. Su apoyo servirá para alentarle a no caer en su caminar diario, y si el tropiezo y la caída de bruces tuviera su día, el profesor estará a su lado, para prestarle su hombro y su aliento, ayudándole a levantarse, y quizá lo más importante, continuar caminando a su lado con la mirada en el eje y norte de la ilusión por vivir.

El prepúber con diabetes ha de desarrollar una sólida personalidad, pues vive una etapa de comparaciones con el resto de sus compañeros; debe ser aceptado en el grupo como uno más, y no como alguien diferente. Puede, incluso, vivir una irrealidad, y sentirse “normal”: esto es una negación de su enfermedad, no la acepta, conllevando al frecuente olvido de cuidarse: practicar su autocontrol, inyectarse su insulina, alimentarse incorrectamente y seguir unos horarios, etc., con el objetivo de identificarse en un grupo. Por esto, hay que hablar de la diabetes abiertamente, y no silenciarla como si de una sentencia de muerte aplazada se tratase.

Los refuerzos deben ser positivos y no negativos. La educación se debe plantear hacia la aceptación de cuidarse y no hacia el miedo de lo que pasará si no se cuida. El niño con diabetes tiene que adquirir nociones elementales y claras en lo referente a su autocontrol, y no obsesionar su mentalidad con las devastadoras complicaciones vasculares que pueden dinamitar su cuerpo si no se trata de manera convincente.

Hay que motivar y animar a los niñ@s y jóvenes con diabetes a ser igual que el resto de sus amigos, siempre siendo consecuente de todas las responsabilidades inherentes a su correcto tratamiento; hay que animarle a participar en todas cuantas actividades se programen para los alumnos del centro, porque él es uno más del grupo.

Y aquí planteamos una premisa por encima de cualquier otra consideración: el niño con diabetes es un ser humano que debe desarrollarse en sus relaciones idénticamente que el niño sin ese trastorno metabólico, sin limitarle en comparaciones agraviantes. Con el buen control le acercamos a una vida normal de relaciones. La diabetes, hoy por hoy es incurable, y el niño un buen día se dará cuenta de que el trastorno que tiene le acompañará fielmente durante el resto de su vida. Y hasta el momento en el que se dé cuenta de esta realidad pasará por actitudes de rebeldía ("¿por qué me ha pasado esto a mí?"), de negación (“a mí no me pasa nada”), de depresión (irritabilidad, cambios de humor), de pasividad (no se cuida), de aprovechamiento de su entorno (hacer lo que quiera), de ocultación de su diabetes o de sensación de ser distinto a los demás, hasta, por último, llegar al proceso de la aceptación.

Es preciso no vivir una situación de “drama” por parte del profesorado, con el consiguiente sobreproteccionismo, o el autoritarismo desmedido que puede acompañar a esta situación. Cuando el niño se valora a sí mismo, lo hace comparando sus capacidades con las de sus amigos; la sobreprotección familiar o del entorno colegial puede apartarle de la participación con el grupo de sus compañeros, y rasgar su autoimagen.

El niñ@ convive con su diabetes, duerme con su diabetes y se emociona con su diabetes; pero en ningún momento, el niño vive para su diabetes en una esclavitud eterna. La actitud del profesor es fundamental con el fin de evitar rechazos de los compañeros respecto al niñ@ y al joven con diabetes; esta actitud es pieza clave a la hora de relacionarse con el resto de sus compañeros de la clase, demostrando que el tener diabetes no es sinónimo de que el muchacho es un minusválido y va a rendir menos en sus estudios. Hay publicaciones científicas más que suficientes que reiteradamente demuestran lo contrario.

La ansiedad y la baja autoestima se pisan con el conocimiento, alcanzado así el equilibrio emocional; las explicaciones convincentes consiguen la comprensión y evitan los conflictos internos en el niño y en su medio social. El niño ha de estar informado para que acepte su cuerpo y estar alerta ante cualquier síntoma que indique lo contrario (cambios de humor, irritabilidad, no jugar, estar encerrado en él mismo, poco comunicativo, etc.), porque hasta que lo consiga pueden aparecer alteraciones psicológicas que conlleven a una depresión, trastornos de ansiedad, trastornos del comportamiento alimentario como Anorexia y/o Bulimia. Para que se acepte es fundamental un equilibrio psicológico, teniendo en cuenta lo difícil que puede ser en una etapa de “cambio” como es la adolescencia.

Lo que se entiende se acepta. El temor de no ser aceptado por el resto de un grupo incentiva en el niño el sentimiento de rebeldía. Nadie acepta unas responsabilidades y cambia radicalmente de un estilo de vida si no se le muestran las razones para emprender tales cambios. Hay que involucrarse y tratar la diabetes en equipo, cada uno a través de sus competencias adjudicadas. El tratamiento diario del niño no es ajeno al entorno escolar, sino que éste constituye el cimiento fundamental en la eficacia de un óptimo autocontrol. La diabetes hoy, debe constituirse en una realidad domada mediante la fusta y riendas del conocimiento, lo que se logra gracias a una educación diabetológica programada y progresiva. La rebeldía, la negación, la ansiedad… deben abdicar y renovarse por la comprensión y puesta en marcha de nuevas habilidades y asimilación de conceptos que marcan indudablemente un proceso de calidad en la vida por la que es necesario luchar, y no permanecer impasivos.

Es imprescindible desdramatizar y derrumbar falsos mitos que la historia ha ido amamantando en la ilógica génesis de sus columnas. Porque el problema, el verdadero problema, no está en tener diabetes, sino en que la diabetes se convierta en un ente tal que cerque con alambres de púas la vida. Y cerque la libertad. No sólo por las complicaciones debidas a un control equivocado, sino también por las ideas que pueda tener la población general respecto a este síndrome, que hacen honor a épocas ya demasiado clásicas. Se hacen precisos el optimismo y la decisión en su justa medida.

De igual manera debe promoverse la idea del asociacionismo, que agrupará a las personas con diabetes de una zona, no sólo para reivindicar actuaciones concretas ante la Administración Sanitaria, sino también para fomentar una mayor y más rica Educación diabetológica que informe de manera ejemplar a ellos mismos, familiares, profesores, amigos y población general. Porque el objetivo que debemos alcanzar es la integración y el buen desarrollo físico-psíquico y social del niño y del adolescente con diabetes.

Sólo así implicándose de manera activa, la diabetes será un acompañante más en la vida, y no el enemigo silencioso que está dispuesto a atacar cuando más creemos en su sonrisa embaucadora.

En implicarse está la eficacia. No lo olvide.
Autor

Dr. Felipe-E. Juanas Fernández
Asesor médico de la Asociación de Diabéticos de Cuenca
Clínica Diabetológica Dr. Antuña de Alaiz


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Gracias Dr Felipe, muy interesante su articulo para leer y volver a leer. Buenos aportes para la comunidad. Yo me quedo con lo de “El niñ@ convive con su diabetes y no vive para su diabetes…” Saludos. Dios lo bendiga


#3

Excelente tu aporte Marina.
Muchas gracias.
Sandra Lis Gómez


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