Cuestión de Costumbres


#1

El invierno se hizo presente sobre la ciudad, el frío de la noche despobló las calles y el hombre sentado en el umbral del edificio abandonado comenzó a sentirlo y en su mente obnibulada trató de buscarle un significado al entumecimiento de sus piernas. En primer lugar pensó que simplemente estaba comenzando a dormirse. Pero luego de unos instantes de razonamiento, llegó a la conclusión que esa no era la forma de dormirse, por lo general cuando llegaba el momento de entrar al mundo de los sueños, su cabeza comenzaba a tener pensamientos extraños e irreales, basados en situaciones que le gustaría vivir, o en posibles recuerdos del pasado. Sin ir más lejos la noche anterior comenzó a pensar en un encuentro con una mujer, muy hermosa, la cual nunca pudo saber si conocía o si era el fruto de su imaginación.

Entonces pensó que quizá estaba enfermo, o que sus piernas ya no le responderían en el futuro y se dijo -deberé acostumbrarme a que mis piernas no sean fuertes como antes- ; al fin y al cabo no era la primera vez que debería adaptarse a una nueva situación. Ya le había pasado mucho tiempo atrás, cuando perdió a su familia y ahora ni siquiera podía recordar sus rostros.

Quizá la mujer del sueño fue alguna vez su esposa, o su hija, pero tampoco podía recordar por más que se esforzaba si tuvo hijas o hijos. Además siempre tuvo una actitud amistosa hacia los niños, pero su situación de indigente no le permitió tener contacto con muchos de ellos, puesto que el acercarse a un niño le valía disgustos y alguna que otra entrada a una comisaría. En fin, se acostumbró a vivir sin familia al punto de no poder recordarla y también se tuvo que acostumbrar a perder amigos, todos mendigos como él.

Hubo un tiempo en que formaban un grupo de cuatro. A él lo apodaban “El Mudo”, porque acostumbraba a hablar poco. En realidad lo que pasaba es que de tanto andar solo, se había acostumbrado a no hablar y cunado encontró amigos con quién andar pues seguía callado. Uno de sus amigos era “El Negro”, llamado así por su color de piel, a pesar de que como nunca se bañaba y la barba le cubría el rostro, no estaban muy seguros de su verdadero color de piel. La única vez que decidió bañarse, quizás impulsado por el alcohol que había bebido, se tiró en una laguna natural y no volvió a salir y en ese momento los tres restantes debieron seguir su camino sin él. Ya no fue lo mismo sin “El Negro”. El que lo sintió más fué “El Rengo”, le decían así porque de tanto simular ser lisiado para pedir, había quedado rengo de verdad; seguramente se había acostumbrado a cojear.

“El Rengo” después de la desaparición de su compañero, comenzó a beber sin control y robaba para conseguir cualquier bebida que contuviera alcohol y cuanto más alcohol tuviera, mejor. Incluso en una oportunidad llegó a beber alcohol medicinal y como era previsible un día atravesó la autopista totalmente ebrio y lo atropellaron. Fue doloroso pero si habían superado la desaparición de “El Negro”, también superarían la muerte de “El Rengo”, además la situación con “El Rengo” era insostenible y se preveía que en algún momento le iba a pasar una desgracia.

El tercer miembro del grupo era “El Rápido”; le llamaban así porque cuando era joven se destacaba por ser un ratero muy hábil y reconocido por sus fugas luego de robar algo, porque podía huir con gran rapidez del lugar del hecho, atravesando alambrados, saltando techos y superando cualquier obstá■■■■, Luego de haber quedado solo dos, “El Rápido” sufrió una especie de regresión y comenzó a planear pequeños robos, como los que realizaba en su juventud, solo que ya no hacía honor a su apodo. Y a pesar de que llevó dos o tres hurtos con éxito, ya no podía evadir con tanta facilidad a sus perseguidores y lo que es peor se hacía muy fácil seguirle el rastro. Esto quedó comprobado cuando una mañana después de que habían degustado un pollo cocinado en un fogón improvisado debajo de un puente, sustraído la noche anterior por “El Rápido”, no sin su cuota de sufrimiento, apareció un patrullero y sin que pudiera reaccionar se lo llevaron. Justo en el momento en el que había salido a caminar para hacer la digestión, porque él decía que cunado se comía mucho había que hacer ejercicio para tener hambre rápido y que el estómago no se acostumbrara a tener comida adentro, porque al ser un estomago de mendigo lo más probable es que estuviera la mayor parte del tiempo vacío. La cuestión fue que a “El Rápido” se lo llevaron y nunca más se supo de él. A partir de ese día “El Mudo” fue más mudo que nunca, porque se debió acostumbrar a andar nuevamente solo y no quiso volver a tener amigos, por temor a perderlos y la verdad era que cada vez le resultaba más doloroso acostumbrarse a perder seres queridos.

Mientras recordaba las ocasiones en que la vida lo había obligado a adaptarse a nuevas situaciones comenzó a percibir que, si bien las piernas seguían adormecidas ahora, el resto del cuerpo seguía el mismo camino y comenzó a pensar que quizás en verdad se estuviera comenzando a dormir. Al fin y al cabo a su mente habían concurrido pensamientos ya olvidados, porque hacía mucho tiempo que no pensaba en sus amigos desaparecidos. Además también había recordado a la misteriosa mujer del sueño de la noche anterior y había tratado de pensar en una familia perdida hace muchos años y luego de cavilar unos instantes, concluyó en que efectivamente se estaba durmiendo y ya más tranquilo se entregó al sueño.

Cuando llegó la mañana y el sol comenzó a alumbrar la ciudad, la gente comenzó a agruparse frente a una casa abandonada, donde en el umbral un mendigo, a quien muchos habían visto pero que nadie conocía, yacía recostado y a pesar de que en su cuerpo ya no se registraba vida, su rostro dejaba ver una expresión de tranquilidad tal, que si no se hubieran acercado a comprobar si vivía, hubieran pensado que estaba dormido. Un curioso que habitaba en el barrio dijo “seguramente murió mientras dormía”, otro dijo “pobre, ya no lo veremos deambular por el barrio, en realidad no molestaba a nadie” y un tercero agregó “bueno, solo era un mendigo, no nos costará nada acostumbrarnos a vivir sin él”.


#2

Que lindo cuento Juan Carlos. Triste, muy triste. Me ha puesto a reflexionar en lo afortunada que soy al tener tantísima gente a mi alrededor. No me canso de agradecerte por compartir con todos nosotros todas tus creacines… GRACIAS JUAN CARLOS.


#3

Gracias por tu relato Juan Carlos. Emotivo.


#4

Muy bueno el cuento juan. Es triste (me recuerda las miserias humanas).


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