Cuidado: alimentarnos de conservas (o enlatados) no es lo más sano del mundo


#1

Alimentarse sólo de conservas no es lo más sano del mundo. Pero la gran variedad de productos que se venden enlatados o en botes de cristal permitiría mantener una dieta equilibrada, por lo menos desde el punto de vista nutricional.

Al menos eso dicen los entendidos. Y aunque muchos alimentos pierdan nutrientes durante el proceso de conservación, puede que no sean tantos como creemos.

La comida en lata es un gran invento que data del siglo XVIII, y que ha cambiado relativamente poco desde entonces, aunque actualmente está mucho más garantizada la higiene y la seguridad del proceso. Es una forma de conservar alimentos de todo tipo durante un periodo muy largo de tiempo, incluso varios años, sin que se estropeen.

Su gran ventaja es que facilitan la vida de quienes tienen poco tiempo, o ganas, de ir a la compra y cocinar. Y tampoco son muy exigentes de paladar, aunque hay productos de muy buena calidad. Están a punto para utilizarlas en cualquier momento, se transportan con facilidad, ocupan poco espacio en la despensa. No supone ningún gasto de energía almacenarlos porque no necesitan frío y en general resultan menos caras que la versión fresca de los mismos alimentos.

Muchos alimentos pierden nutrientes durante el proceso de conservación, pero no tantos como creemos

No digamos lo útiles que son en zonas donde no es fácil el acceso a comida fresca, como guerras y conflictos (de hecho ese fue su origen), en lugares con malas condiciones geográficas y climáticas para la agricultura, donde se han producido catástrofes naturales o cuando por circunstancias diversas escasea la comida y hay que transportarla largas distancias.

Dicho esto, el sentido común nos dice que alimentarse sólo de conservas no puede ser bueno para la salud. En primer lugar, porque los alimentos cuanto más naturales y frescos y menos manipulados, mejor.

El proceso de conservación, aunque sea el óptimo, suele incluir más sal, azúcares y conservantes de los que conviene consumir de forma regular. Y han de ser especialmente cuidadosa las personas que sufren diabetes, obesidad, tensión alta … También hay que tener en cuenta hasta qué punto los alimentos mantienen sus propiedades nutritivas o si se degradan debido al proceso y al paso del tiempo.

En principio, las proteínas, hidratos de carbono y grasas no se ven afectados, aseguran los expertos. Y tampoco la mayor parte de los minerales y las vitaminas solubles en grasas, como las A, D, E y K. Sin embargo, como el proceso de elaboración de las conservas requiere la aplicación de calor, sí pueden ver disminuida su eficacia las vitaminas solubles en agua, como la C y la B. Pero como el problema radica en que son sensibles al calor y al contacto con el aire en general, quedan igualmente afectadas cuando los alimentos que las contienen se cocinan y conservan en casa.

Uno de los argumentos más firmes de los muchos detractores que tienen las conservas, está más relacionado con el contenedor que con el continente. El problema responde a las siglas BPA o al nombre de bisfenol-A. Es un compuesto orgánico que, desde los años 60, se utiliza en el recubrimiento plástico del interior de las latas, que impide que éstas se oxiden.

Al tiempo que protege los alimentos, se filtra en éstos y acaba en nuestro organismo, lo cual no es bueno para la salud. Aunque se han hecho numerosos estudios al respecto, no se conocen todavía todo sus consecuencias. Se cree que puede cambiar la forma en que actúan los estrógenos y la testosterona, lo que puede afectar al sistema reproductivo y al cerebro.

El bisfenol-A es un compuesto orgánico que impide que las latas se oxiden

En un estudio realizado en la Universidad de Harvard, se dio de comer a los participantes una lata diaria de sopa durante cinco días. Al término del experimento, el BPA en su orina se había incrementado en un 1.000%. Otros problemas de salud asociados al BPA son dolencias cardíacas, diabetes tipo 2, incremento de la presión sanguínea, cáncer de mama y desórdenes metabólicos, aunque habría que estar sometidos a altas dosis, según distintos estudios con personas y animales. Pero tampoco se ha establecido cuáles son las dosis a partir de las cuales uno debe empezar a preocuparse.

Otra cuestión que tener en cuenta es que las latas no siempre se procesan siguiendo rigurosos protocolos sanitarios. Es difícil por no decir imposible que ocurra en los países más avanzados, pero no hay tantas garantías cuando se importan de lugares con menos exigencias.

Una de las ventajas de las conservas es que se puede probar productos y alimentos propios de otros sitios que no se encuentran en nuestros mercados, pero habrá que tener precaución según el lugar de procedencia. En todo caso, nunca hay que comer productos de latas que tengan abolladuras, zonas oxidadas, etiquetas rotas o estén hinchadas. Y mucho menos si al abrirlas el líquido interior tiene burbujas o mal olor. o riesgo de sufrirlas, obesidad y un largo etcétera.

Fuente: La Vanguardia ES


#2

que buena información! como todo en la vida hay que buscar el balance, no eliminar los enlatados por completo pero si tratar de disminuirlos y tener en cuenta que tienen conservantes BPA y bisfenol-A que como dice el articulo han sido relacionados con desbalances hormonales, procesos inflamatorios, además por lo general los enlatados tienen mucho mas sodio, azúcar que vegetales y frutas congeladas o naturales. En mi caso trato de usar pocos, tal vez como sardinas en lata, o a veces uso estas que vienen con guisantes y zanahoria, hace un tiempo usaba muchas mas, pero reconozco que son prácticas para esos momentos que estamos apurados.


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