Día Internacional de la Mujer


#1

Desde 1911 se viene celebrando el Día Internacional de la Mujer. Un centenario de trabajo, intentando ser escuchadas, un centenario reclamando sus derechos como mujer. Un centenario de arduo trabajo para hacer un espacio en un mundo antropocéntrico. Sin embargo Dios, el gran arquitecto del universo, celebra el día de la mujer desde el principio de la creación. El creo a la mujer a su imagen, “imago Dei” la creo y no a la imagen del hombre; esta expresión eleva la dignidad de la mujer. Hombre y mujer hemos sido creados no para competir ni crear un monopolio sino para ser un complemento.
Hay que celebrar junto a ellas este 8 de marzo sus logros sociales, políticos, religiosos. Sin embargo, debemos ser conciente que en pleno siglo XXI la mujer sigue enfrentándose a la desigualdad en muchos frentes. Casi 100 años de celebración y todavía hay que romper los muros del silencio sobre las injusticias contra la mujer. El acoso laboral es identificado como una de las mayores fuentes de estrés que tiene que enfrentar la mujer en el campo laboral.
¿Por qué hablar de los derechos de la mujer y no hablar de los derechos humanos en Día Internacional de la Mujer? ¿A caso la mujer no es un ser humano? ¿Será porque los hombres no son acosados y violados sexualmente? ¿O tal vez porque no tienen un embarazo forzado ni sufren de la discriminación cotidiana? Los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes, y les corresponden a todas las mujeres, sin importar su religión, etnia, clase, orientación, edad o discapacidad.
Las estadísticas son alarmantes en cada país. En Estados Unidos, cada 15 segundos una mujer recibe una paliza, en general a manos de su cónyuge o compañero, y se viola a una mujer cada 90 segundos. Vivimos en una sociedad más permisiva con los varones que con las mujeres, y permite al hombre ser egoístas y a la mujer la obliga a sacrificarnos siempre. ¡No a la violencia física, sexual, psicológica, social, ni religiosa!
Los derechos de la mujer en el siglo XXI no han mejorado lo suficiente. Ser mujer sigue requiriendo un esfuerzo titánico, derechos y deberes no van a la par después de casi 100 años de lucha. Al parecer los derechos de la mujer no han sido grabados en la roca, sino en la arena, que cuando viene el mar de discriminaciones desaparecen los derechos y todo es torcido.
Obesidad, diabetes e hipertensión no distingue color de piel, edad, nivel socioeconómico, sexo o situación geográfica. Sin embargo la sociedad sí discrimina a las personas obesas, diabéticas e hipertensas. La vida de las personas no se da en el vacío, es por eso que hoy me he unido en la lucha por los derechos de la salud. No a la discriminación social, laboral, ideológica, religiosa, sexual; ni mucho menos a la discriminación por ser obeso, diabético e hipertenso.
Una manera de no discriminar es escuchar, Luis L. Gavin


#2

Ana que vivan las diferencias, sino no hay complemento. Un abrazo de un hombre que vive rodeado de mujeres, 5 hijas, 4 hermanas, 4 nietas, X sobrinas, mi esposa y mis grandes y dulces amigas. Felicidades, hoy y siempre. LG


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