Diabetes: un problema global


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Para el año 2025, la Organización Mundial de la Salud prevé un incremento del 50% de la incidencia de esta enfermedad
Suramérica, Sureste asiático y África subsahariana, las áreas con mayor peligro.
La diabetes tipo 2 es una enfermedad caracterizada por una deficiencia progresiva de insulina y un deterioro de la respuesta de los tejidos diana que, con el tiempo, provoca una pérdida de la función de la célula beta y, por tanto, un deterioro progresivo en el control glucémico independientemente del tratamiento empleado con el arsenal terapéutico disponible hasta ahora.
A pesar de que se trate de una patología en aumento en todo el mundo, casi la mitad de los casos de diabetes tipo 2 no están diagnosticados por falta de reconocimientos médicos ordinarios o desconocimiento. En estos momentos y con los datos disponibles, la prevalencia de esta enfermedad en nuestro entorno, podría situarse en torno al 10 % de la población y, para 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé un incremento del 50% de la incidencia de esta enfermedad, sobre todo, en Suramérica, Sudeste Asiático y África Subsahariana.
Las decisiones médicas en diabetes tipo 2 llegan a los pacientes con diez años de retraso, lo que provoca que, cuando el paciente recibe un diagnóstico, la función de las células beta del páncreas ya ha sido comprometida hasta un 50%, y además en los años siguientes al diagnóstico, el descenso de la función de las células beta continuará. En 2025 se espera que el número de pacientes ascienda a 380 millones de personas. De ellas cada año, 3.8 millones de personas en todo el mundo mueren debido a la diabetes o las complicaciones derivadas de dicha enfermedad.
El 29 % del gasto sanitario se dedica al control de la diabetes, mientras que un 40% se destina al tratamiento de las complicaciones asociadas a esta enfermedad. De hecho, los pacientes con diabetes tipo 2 que presentan complicaciones y comorbilidades asociadas resultan 2,4 veces más costosos para el sistema que los que no tienen complicaciones, puesto que el gasto farmacéutico en insulinas y antidiabéticos orales sólo supone un 12% del gasto destinado al tratamiento de la diabetes tipo 2.
Es importante diagnosticar lo antes posible la presencia de la enfermedad para actuar cuanto antes utilizando las herramientas disponibles y algunas, prometedoras, que están por llegar. La fisiopatología de la diabetes cada vez más complicada y hay un mayor número de factores implicados. Este hecho nos obliga a que el tratamiento de la diabetes reciba un enfoque multifactorial y multidisciplinar puesto que, con lo que estamos haciendo hasta ahora, no hemos conseguido un buen control y necesitamos, ha dicho, preservar la función de la célula beta para mejorar la calidad de vida del paciente y evitar las comorbilidades asociadas.
Tipos
Los dos tipos de diabetes más importantes son: Diabetes tipo 1.- Es aquella que se desarrolla cuando las células productoras de insulina son destruidas por el propio sistema inmunitario del individuo. Se desconoce la causa de dicha destrucción pero podría desencadenarse debido a factores ambientales. Las personas con diabetes tipo 1 necesitan inyectarse a diario insulina. Normalmente, se diagnostica en niños o adultos jóvenes que requieren del tratamiento insulínico para toda la vida.
La tasa de prevalencia de diabetes tipo 1 está creciendo en todo el mundo con una tasa anual del 3%. Alrededor de 70
Diabetes tipo 2.- Es la forma más habitual de diabetes y supone casi el 95% de todos los casos de diabetes en el mundo. La obesidad es un factor de riesgo muy importante para el desarrollo de este tipo de diabetes. Los pacientes obesos tienen 7 veces más probabilidades de desarrollar diabetes que aquellos que tienen normopeso. Si tenemos en cuenta que mil millones de adultos tiene sobrepeso en el mundo y, al menos, 300 millones son obesos podremos evaluar la magnitud del riesgo.
Diabetes tipo 2.- Es la forma más habitual de diabetes y supone casi el 95% de todos los casos de diabetes en el mundo. La obesidad es un factor de riesgo muy importante para el desarrollo de este tipo de diabetes. Los pacientes obesos tienen 7 veces más probabilidades de desarrollar diabetes que aquellos que tienen normopeso. Si tenemos en cuenta que mil millones de adultos tiene sobrepeso en el mundo y, al menos, 300 millones son obesos podremos evaluar la magnitud del riesgo.
Los síntomas cardinales de la diabetes son Excesiva sed y sensación de hambre, aumento de la frecuencia urinaria y fatiga. Los síntomas de la diabetes tipo 2 no suelen ser pronunciados y esta circunstancia retrasa el diagnóstico y el tratamiento, lo que incrementa el riesgo de desarrollar complicaciones asociadas a un control bajo de la enfermedad.
El tratamiento de la diabetes persigue reducir los niveles de glucosa en sangre. Tener unos niveles por encima de los límites establecidos supone complicaciones asociadas a largo plazo. Más del 60% de los pacientes con diabetes tipo 2 no están bien controlados. En algunos casos, el control de la glucosa puede conseguirse por cambios en el estilo de vida, uso de antidiabéticos orales o la combinación de ambos.
Los ADO's (antidiabeticos orales) son el tratamiento más utilizado en diabetes. Reducen los niveles de glucosa incrementando la producción de insulina o reduciendo la cantidad de glucosa producida y/o ayudando a la insulina a trabajar mejor. Otra opción terapéutica es la insulinoterapia. Hay diferentes tipos de insulina basadas en la duración de la acción: rápida, corta, intermedia o de larga duración.
Eficacia
La insulina puede administrarse vía bombas, plumas o jeringas de un solo uso, y dependiendo de las necesidades del paciente, puede requerir de una a cuatro o más inyecciones diarias. La insulinoterapia complementa y aporta la producción de insulina necesaria para el funcionamiento del cuerpo. La eficacia de dichas intervenciones terapéuticas requiere una monitorización y ajuste constantes para asegurar que las personas siguen alcanzando los niveles de glucosa en sangre recomendados. En la diabetes tipo 2 a menudo coexisten otras patologías de riesgo como son la hipertensión, el colesterol alto y la obesidad. Cada vez más, los especialistas están demandando otras opciones terapéuticas que reduzcan eficazmente los niveles de glucosa en sangre y, además, intervengan en estos otros factores de riesgo.
Por último, las células beta son aquellas responsables de producir la insulina en el páncreas. A medida que progresa la diabetes tipo 2, las células beta producen cada vez menos cantidades de insulina. Se ha demostrado que la disminución de la función de la célula beta está directamente relacionada con un peor control de los niveles de glucosa.
El desarrollo de las insulinas modernas, o análogos de insulina, supone un adelanto muy significativo en el tratamiento de la diabetes. Las insulinas modernas proporcionan tanto flexibilidad de dosificación como un mayor control glucémico; y, todo ello, sin aumentar el riesgo para el paciente. Se fabrican modificando la estructura química de la insulina humana para crear insulinas capaces de imitar, de forma más precisa, la forma natural de producirse la insulina en el cuerpo.

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