Diabeticos del mundo


#1

quiero mantener vivo el espacio que un día creé en el año 2001. Como soy una convencida que la UNIÓN HACE LA FUERZA, y al compartir este espacio con tantas personas de diferentes países, espero conseguir mi meta y mantener vivo al grupo que un día, MsN Grups decidió cerrar para siempre. Un abrazo y también os espero pues en nuestra "casa" las puertas siempre están abiertas para gente como tú.

www.diabeticosdelmundo.org

Un abrazo
Pilar Martïnez Gimeno


#2

Que bello amiga, siempre podemos hacer algo.
Y mañana será otro día para hacerlo.
Un abrazo.
Sandra Lis Gómez


#3

Con la grasa en los talones
Como ocurre en la famosa película de Hitchcock, una amenaza acecha en muchos alimentos que consumimos: los lípidos trans. Ingerir cinco gramos diarios aumenta un 25% el riesgo de infarto. La formación del consumidor y el compromiso de las autoridades y la industria son claves para reducir la ingesta de grasas trans, unas grandes desconocidas, aunque son las más dañinas

ALEJANDRA RODRÍGUEZ

Ilustración: Ulises
Seguro que la mayoría de los consumidores ya tienen aprendida la lección relativa a la conveniencia de reducir la ingesta de grasas de origen animal y potenciar las vegetales si quieren cuidar su salud. No obstante, prácticamente ninguno sabrá identificar un tercer tipo de lípido, de procedencia fundamentalmente industrial, por el que también deberían preocuparse puesto que es bastante más dañino que la grasa animal. Se trata de los ácidos grasos trans, unos compuestos que se añaden a infinidad de productos alimenticios procesados, así como a los aceites que se usan en las cocinas de muchos restaurantes y establecimientos de comida rápida con el objetivo de conservar los alimentos por más tiempo, mejorar su sabor, favorecer la estabilidad en la fritura o hacerlos más fáciles de untar. Los datos demuestran que son una auténtica bomba de relojería para el entramado cardiovascular y se piensa que podrían dañar otros aspectos de la salud. De hecho, los expertos aconsejan no ingerir más de un 2% de las calorías diarias procedentes de grasa trans. Sepa qué son, por qué son tan peligrosas, dónde se esconden y cómo reducir su consumo tanto como sea posible.
Dentro de poco, la clasificación de grasas en dos grupos -animal y vegetal, o lo que es lo mismo, saturada e insaturada- va a tener que incorporar un nuevo miembro: las trans. El motivo no es otro que la acumulación de evidencias científicas que ponen de manifiesto que este tipo de lípidos son mucho más perjudiciales para la salud, incluso, que las grasas animales; que eran las que hasta ahora cargaban con toda la culpa de los vicios nutricionales que están pasando factura a los países desarrollados.
La última de estas evidencias ha sido recogida esta semana en la revista ‘The’ ‘New’ ‘England’ ‘Journal’ ‘of’ ‘Medicine’. En un artí■■■■ de revisión, elaborado por especialistas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard (EEUU), se hace un repaso a todos los mecanismos fisiológicos conocidos hasta el momento por los que los ácidos grasos trans favorecen y aceleran la progresión de la aterosclerosis, el factor de riesgo cardiovascular por excelencia.
¿QUÉ SON?
Las grasas trans se encuentran de manera natural en los rumiantes, como el cordero o la ternera. Se generan por la acción de determinadas bacterias presentes en el estómago de estos animales y se concentran en pequeñas cantidades en los cortes grasos de su carne, así como en los alimentos que se derivan de estas reses, como los lácteos enteros.
No obstante, no son estos trans los que más preocupan a los especialistas, ya que una ingesta moderada de estos productos o tener la precaución de decantarse por las versiones desnatadas de los lácteos y similares reduce considerablemente la presencia de las grasas dañinas en la dieta.
Sin embargo, los trans pueden conseguirse de manera artificial añadiendo átomos de hidrógeno a la estructura química de las grasas vegetales. Hace años, la industria alimentaria descubrió que del proceso de hidrogenación -de ahí que las trans se conozcan también como hidrogenadas- se obtenían aceites muy baratos para la fritura, se mejoraba la palatabilidad de los productos alimenticios (lo que los hacía más atractivos comercialmente debido a su buen sabor), convertía las grasas líquidas en pastas fáciles de untar y, además, se lograban alimentos mucho más perdurables (los trans frenan el proceso de enrranciamiento).
Por todas estas razones, y porque además se desconocían los efectos adversos de su consumo, las grasas trans se fueron incorporando a los aceites destinados a la fritura de la mayoría de los restaurantes y servicios de ‘catering’ (sobre todo en los de comida rápida), a la bollería industrial, a la repostería, a las golosinas, a la comida precocinada, a la margarina, a las galletas, a los aperitivos envasados… Hasta que ha llegado un momento en el que prácticamente todos los alimentos sometidos a algún tipo de manipulación industrial llevan un contenido más o menos elevado en grasas trans.
El fenómeno ha adquirido proporciones tan preocupantes que los profesionales de la salud se han visto obligados a dar la voz de alarma. De hecho, las pirámides alimenticias que periódicamente se hacen públicas para dar una pauta de los hábitos nutricionales saludables, ya empiezan a incluir la recomendación de evitar estos ácidos grasos.
«El consumo de grasas trans ha aumentado en todo el mundo desarrollado y en España es especialmente preocupantes por la gran desinformación que hay al respecto», explica Pedro Mata, responsable del servicio de Medicina Interna de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid y uno de los mayores expertos en lípidos de nuestro país.
Según este especialista «no sólo el usuario está poco documentado, los propios profesionales hemos confiado demasiado tiempo en la protección que nos confería la dieta mediterránea, cuando en realidad no la estamos siguiendo en absoluto».
Y es que, en los últimos años, el consumo de bollería industrial, alimentos preparados y comida ‘basura’, todos ellos productos con grandes cantidades de trans, bien en su composición bien en su proceso de elaboración, se ha incrementado de manera exponencial.
«La falta de tiempo para cocinar, el hecho de que estos alimentos sean muy baratos [según informaba ‘The’ ‘New’ ‘York’ ‘Times’ esta misma semana, McDonalds ha engordado su cuenta de resultados gracias a la promoción de menús a un dólar] y los reclamos publicitarios, muchas veces poco claros, hacen que la gente esté consumiendo grandes cantidades de trans todos los días prácticamente sin saberlo», explica Mata.
Las autoridades sanitarias recomiendan no ingerir más de un 2% de las calorías que se toman a diario procedentes de grasa trans. Teniendo en cuenta la gran cantidad de productos que los contienen, y que la oferta es cada vez más amplia, es facilísimo sobrepasar esta cantidad.
¿CÓMO ACTÚAN?
Según el trabajo recogido en la revista estadounidense, los ácidos grasos trans inciden negativamente en todos y cada uno de los parámetros que precipitan las enfermedades cardiovasculares, la muerte súbita cardiaca, la diabetes tipo 2, la inflamación y la disfunción del endotelio vascular (ver gráfico).
«Elevan el colesterol total, el LDL [colesterol ‘malo’], alteran el metabolismo de los ácidos grasos en los adipocitos, favorecen la resistencia a la insulina [aunque la investigación al respecto no es muy extensa, los datos disponibles hacen pensar que la epidemia de diabetes del adulto se debe, en parte, a estos compuestos] y desencadenan todos los procesos inflamatorios que a su vez aceleran la lesión aterosclerótica», resume el especialista.
Además, a diferencia de las grasas saturadas, las trans también hacen descender la fracción de colesterol HDL (el ‘bueno)’, con lo cual el perjuicio para la salud arterial se multiplica considerablemente. En definitiva, «no hay ninguna justificación nutricional para su consumo, por lo que deberían restringirse al máximo, dado que su eliminación total es prácticamente imposible», apostilla Mata.
Sin embargo, la tarea no es fácil. Hay que tener en cuenta, que buena parte de los procesos industriales relacionados con la obtención de alimentos o productos alimenticios se está beneficiando de la hidrogenación de las grasas vegetales.
Muchas compañías esgrimen que alterar sus procedimientos de fabricación resulta muy caro y que finalmente el bolsillo del consumidor también se vería perjudicado.
Sin embargo, la experiencia que se tiene en algunos países, como Dinamarca, demuestra que esta hipótesis no es cierta, o al menos que el incremento de precio no es significativo y que, en todo caso, «a veces el usuario está dispuesto a pagar un poco más por un producto de mayor calidad», explica Ana Palencia, jefa técnica de Unilever España. Esta empresa ideó un proceso de optimización de la hidrogenación que permitió eliminar los trans de la margarina, un alimento que siempre se ponía como ejemplo de escondite de estos lípidos nocivos.
«Actualmente, el 80% de las margarinas del mercado no contiene trans [o lleva pequeñas trazas] y existe un compromiso voluntario, pero que sólo hemos asumido algunos grandes fabricantes, de reducir éste y otros elementos perjudiciales en la composición de nuestros productos; así como de compartir información con empresas menos potentes acerca de cómo reducir las concentraciones de los cuatro nutrientes [trans, grasa saturada, azúcar y sal] que se deben ingerir con moderación», afirma la especialista.
Ante este panorama, los profesionales demandan una legislación más exigente no sólo a la hora de establecer los procesos de manufacturación alimentaria, sino también a la hora de etiquetar los productos.
«El etiquetado sigue sin estar claro», denuncia el doctor Mata. Y es que, salvo honrosas excepciones todavía existen envases en los que no se especifica qué tipo de grasas contiene el producto (mucho menos si son saturadas, insaturadas o trans), omiten el nivel de sal o recurren a términos confusos para ‘ocultar’ azúcares (sacarosa, jarabe de…) o los propios trans (grasas vegetales parcialmente hidrogenadas, un concepto que sugiere salud por hacer mención al origen vegetal).
Además, según coinciden los especialistas consultados por SALUD, no se especifican las Cantidades Diarias Recomendadas (CDR) de los diferentes nutrientes, como debe figurar en el paquete, de manera que el usuario tampoco puede identificar si está tomando la cantidad idónea de un determinado alimento o si, por el contrario, se está excediendo.
¿QUÉ SE PUEDE HACER?
Dado que por el momento no parece que la legislación vaya a variar en este sentido y que no todas las compañías parecen dispuestas a modificar sus procesos de producción, no queda más remedio que instar al consumidor a que tome parte activa en la elección cada vez más concienzuda de los productos que van a conformar su cesta de la compra.
«Un consejo personal es que adquieran toda la formación que puedan y que llamen a los teléfonos de atención al cliente que tienen todas las compañías», aconseja Ana Palencia. Estos números son gratuitos y los fabricantes tienen obligación de facilitar los datos que requiera el usuario, especialmente si son relativos a su salud.
Sin embargo, muy pocos ciudadanos recurren a estos servicios. «A nuestros teléfonos llama mucha gente preguntando por los alimentos funcionales [los que tienen propiedades terapéuticas]; pero es porque ya tienen una patología de la que se deriva una preocupación especial por la salud. Sin embargo, la gente que está aparentemente sana no se plantea la petición si sólo va a preguntar por un producto determinado o cómo puede equilibrar su dieta», señala la experta de Unilever.
En cualquier caso, los especialistas ofrecen algunos consejos prácticos con carácter general que pueden ayudar a reducir al máximo la ingesta de grasas trans. En líneas generales, se debe dar prioridad a la ingesta de productos naturales y cocinados en casa. «Ya contamos con que la falta de tiempo para ir a comprar y para preparar los platos es un obstá■■■■, pero una buena alternativa es recuperar la congelación», propone Mata.
Por otra parte hay que ‘autoprohibirse’ la comida rápida, los precocinados, las salsas envasadas, los tentempiés, ‘snacks’ y aperitivos embolsados, las frituras (tanto si se compra un alimento preparado, como cuando se come fuera del hogar) y la bollería industrial. «Es la única manera de que así el consumo se haga muy esporádicamente y la reducción de grasas trans sea efectivo», dice el especialista de la Fundación Jiménez Díaz. «Además, si se siguen estas pautas no sólo se evitarán estos lípidos; también se eliminará gran cantidad de sal y azúcares superfluos», concluye.


#4

Pilar,
No estaba al tanto de la existencia de tu pagina, pero me parece genial! La acabo de agregar a nuestra lista de recursos:
http://estudiabetes.com/notes/Recursos_Sobre_Diabetes

Seria posible que nos incluyeras en tu pagina de Enlaces Externos?
http://www.diabeticosdelmundo.org/ddm/index.php?option=com_weblinks&view=category&id=44&Itemid=79

Por otra parte, deberiamos explorar formas de colaborar para ampliar el alcance de ambas comunidades: es MUCHO el trabajo por hacer y las personas afectadas por diabetes que se benefician de poder interactuar con otras que viven con diabetes.


#5

Todo lo que haga falta Manuel, para extender nuestra línea de trabajo. Ahora mismo paso el enlace al Webmaster para que lo agregue. También pasaré el enlace a mi compañero Joe Cardozo, de la página Web www.diabetesaldia.com con quien también colaboro desde hace muchos años.
Estarás en Montreal??? para el Congreso Internacional de la IDF??? yo pienso ir con mi marido y sería fantástico poder encontrarnos allí gente de los grupos que se han formado gracias a tu trabajo.
Un abrazo
Pilar


#6

No se si asistire a Montreal, Pilar.

Conozco a Joe. Hemos conectado, pero no hemos concretado.


#7

publicado en 'Nature Immunology' Identifican una proteína que podría influir en el inicio de la diabetes tipo 1

Foto: Reuters

MADRID, 9 Ago. (EUROPA PRESS) -

Las alteraciones en la actividad de la proteína Deaf1 podrían influir en el inicio de la diabetes tipo 1, según un estudio de la Universidad de Stanford en Estados Unidos que se publica en la edición digital de la revista ‘Nature Immunology’.

La diabetes es un trastorno autoinmune inducido por las células T que atacan y destruyen las células beta productoras de insulina. Normalmente, las células T toleran estas células pancreáticas mediante la exposición a sus proteínas.

Los científicos, dirigidos por C. Garrison Fathman, muestran que en ratones la proteína Deaf1 facilita la expresión de estas proteínas propias en los nódulos linfáticos pancreáticos. Sin embargo, los investigadores descubrieron que la expresión de una forma no funcional de Deaf1 coincide con el inicio de la diabetes tipo 1.

Además, los resultados del trabajo muestran que una forma no funcional similar de Deaf1 se expresa en concentraciones superiores en pacientes con diabetes tipo 1 en comparación con pacientes sanos.

Los científicos señalan que es necesario realizar más estudios para determinar si la pérdida de la actividad de Deaf1 contribuye directamente al inicio de la diabetes tipo 1 y si es posible evitar terapéuticamente la expresión de las variantes no funcionales de Deaf1.


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