Diez de los mitos alimentarios mas frecuentes para prevenir la diabetes


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Diez de los mitos alimentarios más frecuentes para prevenir la diabetes.

En reiteradas ocasiones, se ha señalado la importancia de efectuar algunos cambios en el estilo de vida, como forma de evitar o retrasar la aparición de diabetes, particularmente en personas que poseen una alta carga genética que las condiciona al desarrollo de esta enfermedad. De estos cambios de vida, sin duda uno de los más importantes es la alimentación, asociada de manera estrecha con la necesidad de incrementar la actividad física.
Veamos algunas de las variantes alimentarias que muchas personas que se encuentran en estas condiciones suelen intentar. Otras personas simplemente se preguntan si estas medidas resultan de utilidad, con el objetivo central de perder peso (y mantenerse de esta forma ulteriormente) y prevenir así el advenimiento de la diabetes.

1- Comer muy pocas cantidades o hacerlo de manera esporádica (1 o 2 veces al día)
Esta conducta, además de ser difícil de sostener en el largo plazo, es realmente desaconsejada. Este tipo de alternativa provoca cambios negativos en el estado anímico, baja de las energías, sensación de hambre que aparece en los momentos más inadecuados y efectos desfavorables sobre el metabolismo en general. Por lo tanto, es necesario considerar las 4 comidas principales, con algunas colaciones de ser necesario. En todos los casos, una importante premisa es: ¡NO SALTEAR EL DESAYUNO!

2- Eliminar todas las frutas
Con la creencia de que las frutas tienen sabor dulce y azúcares naturales (cosa absolutamente innegable), muchas personas las dejan de lado en un intento de reducir todo lo que sea aporte de glúcidos. Tenga en cuenta que al suprimir las frutas no evita la avidez por lo dulce, reduce el aporte de vitaminas (pensemos en el contenido de vitamina C de los cítricos, por ejemplo) y disminuye el aporte de fibra (que da saciedad y mejora las funciones intestinales). Por este motivo, se recomienda consumir por lo menos 4 piezas medianas de fruta, cuanto más variadas, mejor.

3- Eliminar las grasas
Si bien un elemento fundamental para reducir el aporte de calorías es descender la cantidad de grasa consumida, eliminarla al punto de evitar un aderezo ligero en las ensaladas, por ejemplo, no es una medida eficaz. Además de ser una medida difícil de mantener, es importante recordar que existen grasas que son necesarias para el organismo y que su aporte no debe ser dejado de lado. Se trata de las contenidas en aceites vegetales (que no contienen colesterol) y las denominadas grasas monoinsaturadas (entre las que se incluye el aceite de oliva). La solución más equilibrada es eliminar frituras, cremas, manteca y quesos duros, cuyo contenido de grasas es muy elevado y que pueden ser fácilmente sustituidos por recursos menos calóricos.

4- Mantener todo lo que representen “snacks” lejos de la vista (y de la mano)
Si por “snacks” entendemos papas fritas, productos de copetín como maníes, palitos, bastoncitos, pretzels, etc.) la recomendación es genuina, saludable y hasta beneficiosa para la economía familiar. Pero si entendemos “snacks” en el sentido de colaciones, suprimir estas comidas por completo puede ser perjudicial. En efecto, una colación saludable, integrada por 1 fruta pequeña, 1 porción de pickles en vinagre, 1 yogur dietético pequeño o incluso una barra de cereal de bajas calorías, es un recurso más que útil para evitar desagradables tentaciones.

5- Mantener la dieta en el hogar pero prescindir de ella cuando se “sale de paseo”
La idea de que “si como bien en mi casa, fuera de ella puedo liberar mi alimentación” no es una forma correcta de construir y mantener nuevos hábitos saludables. Por lo contrario, proseguir con la idea de una alimentación saludable en restaurantes, reuniones de amigos, sesiones de trabajo, etc. no sólo fortalece sus hábitos y logra los resultados deseados (al fin y al cabo el cuerpo es uno solo, dentro y fuera de casa) sino que además puede servir de ejemplo, para quienes nos rodean, que muchas veces también suelen verse intimidados de mostrar que ellos también necesitan comer más saludable.

Muchas veces los comentarios de la calle, de los vecinos o de las amistades cobran tanto peso que terminan pareciendo las verdades más indiscutibles. En varias ocasiones se trata de lo que se denomina “sabiduría popular”, es decir, saberes que se transmiten de boca en boca y que forjan conductas de una manera adecuada y saludable. Pero en otros se trata sólo de mitos que pueden producir efectos contrarios, es decir, creencias que pueden conducir a actitudes erróneas.

Cinco de ellos ya fueron tratados en La nota anterior (Diez de los mitos alimentarios más frecuentes para prevenir la diabetes.) y resta comentar los otros 5 que forman los 10 mitos más frecuentes en la práctica.

Consumir libremente alimentos o bebidas con edulcorantes artificiales

Si bien no agregan calorías extra, el consumo indiscriminado de alimentos edulcorados (aunque sea artificialmente) puede provocar apetito por consumir cosas dulces. En otros casos, dependiendo del tipo de edulcorante utilizado se puede producir meteorismo o hinchazón del vientre, que da la falsa sensación de abdomen adiposo. Esta sensación resulta tan incómoda y molesta como incluso antiestética.

Contar calorías

Muchas personas creen que para no consumir calorías en exceso es preciso ir contabilizando todo lo que se consume, como si se tratara de un balance comercial. En realidad, sabemos de que si bien existe una relación entre lo que se consume y lo que se gasta, son los niveles de ciertas hormonas (entre las que se destaca la insulina) los que condicionan a la inclinación de la balanza del metabolismo. De esta forma, si se consume una dieta balanceada que permita que los niveles de la insulina sean estables, la maquinaria metabólica funcionará como es deseable, sin necesidad de obsesionarse en cuentas poco trascendentes.

Consumir muchos alimentos bajos en hidratos de carbono

Con la falsa creencia que comiendo pocos hidratos de carbono se previene la aparición de diabetes, muchas personas se embarcan en el uso de productos alimenticios “bajos en carbohidratos”. En realidad, muchos productos que proclaman estas “cualidades” poseen un alto contenido calórico o se trata de snacks o colaciones de bajo nivel nutritivo, que no colaboran en la creación de hábitos alimentarios saludables.

Adoptar una rutina intensiva de ejercicios físicos

Si bien el ejercicio físico es muy importante, lo que cuenta y resulta verdaderamente útil en el largo plazo es la incorporación de actividades físicas placenteras que resulten factibles, agradables y aptas para ser incorporadas como una rutina cotidiana más en nuestra vida.

Seguir una dieta alta en proteínas y eliminar los hidratos de carbono

Muchas personas encuentran en este recurso de la dieta un arma muy útil para perder rápidamente unos cuantos kilos de peso. Sin embargo, no se trata de un hábito de alimentación saludable. Sucede que la sobrecarga de proteínas (más allá de los requerimientos diarios necesarios para una determinada persona) pueden acompañarse de riesgos para la salud, además del hecho de que muy pocas personas puedan sostener una ingesta muy alta de proteínas y muy baja de hidratos de carbono (elementos que ancestralmente han formado la base de la alimentación de los seres humanos en diversas culturas de todo el mundo). La idea es una dieta equilibrada en proteínas y con hidratos de carbono de lenta absorción (almidones, fibra) que provocan menores picos sanguíneos de glucosa luego de su ingesta.

Del análisis de estos mitos y de los ya mencionados previamente, surge, una vez más, la idea del equilibrio en la alimentación y en la práctica de actividad física como los elementos más sencillos e inocuos para prevenir saludablemente la aparición de diabetes.


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