El laboratorio basico en la diabetes


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Los controles requeridos para “mantener a raya” a la diabetes incluyen básicamente las visitas al médico, los ajustes periódicos de la dieta y la realización de exámenes de laboratorio.

Respecto a este último punto, muchas veces se generan dudas acerca de cuáles y cuántas determinaciones son necesarias. Por supuesto, cada paciente presenta condiciones particulares, pero existen normativas generales a las cuales se pasará revista.

Las pruebas sanguíneas básicas

Los 2 análisis sanguíneos básicos en un paciente diabético son la determinación de la glucemia y de la hemoglobina glucosilada.

Aunque habitualmente se solicita la glucemia en ayunas, la Asociación Latinoamericana de Diabetes (ALAD) también reconoce el valor de la glucemia posprandial (efectuada en la primera y la segunda hora después de una comida). La glucemia en ayunas deberá realizarse por lo menos 1 vez al mes (sobre todo en quienes no realizan automonitoreo) en casos de enfermedad estable, y con mayor frecuencia (semanal o quincenal) en los inicios del tratamiento, para poder ajustar el esquema terapéutico en función de la respuesta obtenida.

Aunque no tan difundida como la glucemia, la hemoglobina glucosilada se considera actualmente como el parámetro bioquímico más importante para definir un buen control metabólico de la diabetes, sobre todo la de tipo 2. Este examen, cuyas características serán tratadas en mayor detalle próximamente, se debe practicar cada 3 meses, salvo en el caso de las embarazadas, en quienes se debería realizar con mayor frecuencia por los cambios impuestos por la gestación.

La determinación del perfil lipídico constituye otro elemento de gran valor para establecer las categorías de control metabólico (bueno, aceptable o malo). Como ya se comentó anteriormente (Novedades en la relación colesterol-diabetes. Primera parte), en los casos en los cuales no existen antecedentes cardiovasculares y las determinaciones iniciales hayan mostrado cifras normales en las distintas fracciones lipídicas, la medición se recomienda cada 2 años. En caso contrario, deberán repetirse por lo menos 1 vez al año.

A estos exámenes básicos pueden sumarse, a intervalos fijados por su médico, determinaciones de la creatinina plasmática, que permiten conocer el funcionamiento de los riñones, y del ácido úrico (uricemia), sobre todo en diabéticos tipo 2.

Las pruebas de orina en el diabético

Si bien no constituyen el método más preciso para establecer el control glucémico, los análisis completos de orina permiten conocer la existencia o no de glucosuria (glucosa en la orina), cetonuria (cuerpos cetónicos en la orina) y proteinuria (proteínas en la orina). Este análisis puede aportar, además, información indirecta que haga sospechar la existencia de infecciones o inflamaciones urinarias y que llevan a la realización de pruebas especiales como el urocultivo con antibiograma.

Dado que un porcentaje importante de pacientes con diabetes de larga evolución suele desarrollar compromiso renal, es importante la detección precoz de estas alteraciones. Para ello se recurre a la microalbuminuria de 12 horas o proteinuria de 24 horas. Aunque estas determinaciones difieren entre sí en algunos aspectos, ambas se realizan en el momento del diagnóstico de la enfermedad y luego de 2 o 3 meses, en caso de obtenerse resultados anormales.

Reflexiones finales

Como se ha enfatizado, la nómina de exámenes mencionados constituyen “lo básico”, es decir, lo que sirve para inferir el grado de control metabólico, de una manera accesible y sin costos elevados. A ellos se podrán sumar otros tipos de pruebas de diversa índole, que su médico le solicitará en caso de ser necesario.

Recuerde que actualmente el método de control más deseable de la enfermedad es la práctica del automonitoreo glucémico, sobre todo en pacientes con diabetes tipo 1, en diabéticos tipo 2 con falta de respuesta a los hipoglucemiantes orales (insulinorrequirientes) y en las embarazadas diabéticas. Este tipo de práctica, no obstante, no debe reemplazar la consulta médica ni servir de base para la automedicación


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