Hacer dieta ¿te vuelve irritable?


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Dos de cada cinco personas que hacen dieta se tornan irritables con su entorno. Qué pacientes la padecen y por qué. Cómo reducir su impacto en el círculo íntimo y en el avance de la dieta.

El 42,5% de las personas que realizan dietas para bajar de peso sufren de irritabilidad, trastorno de la conducta que acrecienta marcadamente las posibilidades de abandono del tratamiento en el mediano plazo. Este dato se desprende de un trabajo de investigación de nuestra autoría, efectuado mediante valoraciones psico-diagnósticas sobre grupos de pacientes tanto bajo internación como ambulatorios.

En un estudio realizado por el Sanatorio Diquecito se determinaron cuáles son las consecuencias que producen las dietas realizadas durante más de tres semanas en el estado de ánimo de las personas. Se comprobó que los pacientes bajo tratamiento aumentan ciertos síntomas negativos que no sólo afectan su estado de ánimo sino que también ponen en riesgo el cumplimiento de la dieta, produciendo un alto porcentaje de deserciones como consecuencia de estos efectos colaterales del proceso.

Entre esas manifestaciones de la restricción calórica en la conducta del individuo, comúnmente conocidas como ´malestar psicológico´, se destacan además la ansiedad, la angustia y el desaliento, entre otros. Todo esto conlleva una alta carga de stress para el paciente que lo lleva al desánimo y finalmente al abandono de su tratamiento para mejorar su peso y, por ende, su salud en general.

La irritabilidad

En este marco la irritabilidad, manifiesta en un gran número de pacientes, tiene dos componentes muy complejos que no tardan en aflorar. Estos son: la intolerancia y, luego, la agresividad.

Como el paciente transita su dieta en un estado permanente de irritabilidad por cuestiones que antes le eran indiferentes, se genera una reacción altamente negativa, que es la agresividad. Ésta no se expresa necesariamente en forma de violencia física, sino mayormente en otras formas mucho más sutiles como: la ironía, el silencio, la ausencia en el acto de comunicación o la palabra dura, hiriente, o sencillamente la elevación del tono de la voz.

El entorno de la persona percibe esta situación y comienzan las dificultades, generándose un círculo vicioso que desalienta en forma permanente el avance de la dieta. Cuanto más cercano es el vínculo, más profundo es el conflicto y más negativo para todos los integrantes del grupo familiar o laboral.

Cómo detectar si formo parte de este grupo

En general la persona no suele darse cuenta por sí sola de esta situación, sino que necesita la ayuda de pares de mucha confianza, y muy sinceros, que le expresen si notan cambios en su forma de reaccionar a los mismos estímulos habituales.

Otra manera de detectar esta situación es percibiendo si existe un aumento en la conflictividad con mi entorno. Cuando esto ocurre en “varios frentes” simultáneamente, puedo deducir que el problema está en mi estado de ánimo y éste es generado por mi condición de dietante crónico. En este aspecto es invalorable la percepción de la familia, el compañero/a, los hijos, etcétera.

Cómo reducir los niveles de irritabilidad

Como en todo tratamiento, es muy importante la intervención médica para detectar y minimizar la aparición de estas situaciones altamente negativas. Es el médico quien debería acompañar a la persona a buscar la minimización de los síntomas en sus inicios, máxime sabiendo que estadísticamente son muy pocas las personas que por decisión propia plantean estas molestias a sus profesionales de cabecera, y que la mayoría resolverá esta tensión a través de la deserción.

  1. Recomendar la actividad física u otras vías de generación de placer: la actividad física es un excelente ansiolítico que ayuda a reducir los niveles de irritabilidad.

  2. Medicación. Como segundo paso, yendo de menor a mayor, debemos saber que existe medicación específica para contrarrestar situaciones muy extremas de irritabilidad que estén afectando el cumplimiento de los objetivos de descenso de peso.

  3. Internación en centros especializados. La tercera opción es la internación en centros especializados en obesidad en donde se disponga de apoyo médico permanente que ayude a la persona a cursar su tratamiento bajo una contención psicológica integral, y en donde el paciente no sólo reduzca su peso sino que aprenda hábitos que le permitan modificar sus conductas alimentarias a largo plazo.

El papel de la familia

Por último, el apoyo de la familia es muy importante. Hay familias muy rígidas que no tienen capacidad de amortiguación de los cambios de conducta negativos que muestra el paciente durante su tratamiento, y en lugar de apoyarlos, boicotean su esfuerzo con críticas constantes a su estado de ánimo. No valorando el esfuerzo. Hay que entender, sin embargo, que el tratamiento es un momento difícil en donde todos somos parte del problema y, por ende, el mismo hogar que generó hábitos obesos (hoy se habla de “hogar obeso” y no de personas obesas) tiene que poner su grano de arena y tomar ciertos sacrificios en pos de ayudar a quien está atravesando el difícil momento de la dieta.

Fuente: Prof. Dr. Ricardo Chiosso (M.P. 13.766), Director Médico de Sanatorio Diquecito, Córdoba, Argentina.

http://estilodevida.latam.msn.com/articulo_grupoq.aspx?cp-documentid=27438821


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