La importancia de un buen desayuno


#1

Últimamente, hemos leído o escuchado con frecuencia acerca de la importancia de un buen desayuno como forma de iniciar las tareas diarias, particularmente en el caso de los niños y los estudiantes. Es que una buena provisión de energía luego del ayuno nocturno condiciona el logro de una mayor capacidad de atención y rendimiento intelectual, además del desempeño en tareas físicas, en el caso de deportistas o trabajadores que llevan a cabo tareas de esta índole.

En febrero de 2005, se publicó un artí■■■■ en la prestigiosa revista médica American Journal of Clinical Nutrition que refuerza la idea común de no omitir el desayuno. Esta publicación hace referencia a la importancia de esta primera comida matutina sobre la sensibilidad del organismo a la acción de la insulina (elaborada por su propio páncreas o administrada como un medicamento) y sobre el nivel de grasa sanguínea.

Los resultados de este trabajo, llevado a cabo sobre mujeres delgadas y no diabéticas, puede tener implicaciones aun mayores en personas con obesidad (portadoras de un cierto grado de resistencia a la insulina) y/o diabéticas. Por lo tanto, resulta interesante analizar los hallazgos del grupo de investigadores de Nottingham (Reino Unido) que estudiaron si la realización o no del desayuno influía sobre el ingreso y el gasto energético, y los niveles de lípidos (grasas), glucosa e insulina circulantes en mujeres sanas.

De la investigación tomaron parte 10 mujeres sin sobrepeso que participaron de una prueba consistente en, durante 14 días, consumir un desayuno diario, y luego de otras 2 semanas, transcurrir 14 días omitiendo esta primera comida diaria. En el período que incluía desayunos, las participantes consumieron cereales para desayuno con leche entera antes de las 8 AM y galletitas recubiertas en chocolate entre las 10.30 y las 11 AM. En el período sin desayuno, las mujeres intervinientes consumieron las galletitas entre las 10.30 y las 11 AM y el cereal con la leche entre las 12 y las 13.30 AM. Durante el resto del día, en ambos períodos de estudio, se consumían otras 4 comidas a intervalos regulares, registrando las ingestas completas durante 3 de los días de cada período. Al finalizar cada período de 14 días, se efectuaron análisis de glucemia, lípidos e insulina, en ayunas y luego de la comida de prueba.

El resultado de esta investigación demostró que la ingesta de energía fue significativamente menor durante el período en el que se llevó a cabo el desayuno, mientras que el gasto energético fue similar. De esta forma, se registró un saldo calórico más beneficioso en el caso de mujeres que se desayunaron.

Tanto las concentraciones de colesterol total, colesterol “malo” (c-LDL) como de insulina fueron mayores durante el período en el cual se omitió el desayuno. Cabe recordar que las mayores concentraciones de insulina obedecían a una relativa falta de sensibilidad (efecto) de la insulina durante el período mencionado.

Analizados en su conjunto, estos hallazgos si pueden ser aplicados a personas con sobrepeso, obesidad o diabetes tipo 2, podrían indicar que la supresión del desayuno (práctica bastante frecuente en nuestra sociedad) puede conducir a un incremento de peso y a una alteración en los niveles de colesterol y de glucemia.

Por este motivo, si a la importancia del desayuno sobre el rendimiento físico e intelectual le sumamos las ventajas respecto al funcionamiento metabólico, surge claramente la importancia que reviste mantener la sana costumbre de desayunar diariamente, aunque ello signifique resignar algunos minutos más de sueño.


Web-Stat web statistics