La insulina no es culpable del aumento de peso


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Leonor es una espléndida mujer de 58 años. Ocupa un cargo importante en una prestigiosa firma del mercado del rubro indumentaria, por lo cual su figura constituye un aspecto nunca descuidado a lo largo de su carrera. Por ese motivo, desde que su médico le dijo que su diabetes le demanda el uso de insulina, se encuentra muy preocupada; un allegado, también diabético, le había comentado que al comenzar a usar insulina era casi una regla que se aumentara de peso.

La preocupación de Leonor ha sido y es la que también experimentan los médicos cuando sus pacientes diabéticos tipo 2 comienzan a necesitar insulina para compensar la enfermedad. La insulina es una hormona que, entre sus acciones básicas tiene la de favorecer el crecimiento pero también las reservas de energía, propiciando el depósito de calorías en forma de tejido adiposo.

Un grupo de expertos del CHU Angers (Francia), liderados por la Dra. Miriam Ryan, publicó en marzo del 2008 un artí■■■■ científico en una prestigiosa revista diabetológica donde estudian precisamente este problema, y llegaron a la conclusión de que el principal contribuyente al aumento de peso que se produce al comenzar la insulinoterapia es el incremento en la ingesta de calorías. Este hecho muchas veces puede pasar inadvertido por los propios médicos tratantes debido a que muchos de sus pacientes no relatan de manera precisa la cantidad total de calorías ingeridas. El estudio consistió en analizar un grupo de 46 diabéticos (23 de tipo 1 y 23 de tipo 2) que iniciaban tratamiento con insulina. Los resultados indicaron una ganancia de peso de 4,7 kg en los diabéticos tipo 1 y de 1,8 kg en los diabéticos tipo 2. Debido a que no se observaron cambios en el metabolismo (requerimiento y gasto de energía), ni en la actividad física, ni en la glucosuria (eliminación de glucosa por la orina), la explicación del ascenso de peso es un aumento en la ingesta de alimentos. Puede interpretarse que los pacientes se permiten liberalizar su dieta ahora que reciben insulina, o por la aparición (sobre todo en los primeros momentos) de episodios de hipoglucemia, u otras razones de índole física o psicológica que llevan a la consecuencia final de aumentar la ingesta. El relato del consumo calórico muchas veces no obedece al real, sino al que tenían hasta antes de iniciar el empleo de insulina o el que consideraran que debería ser el adecuado para ellos.

A partir de este hecho se abre el espacio de reflexiones importantes. Como sucede con el resto de los medicamentos que puede tener indicado una persona diabética, la insulina no implica dejar de lado el resto de las medidas terapéuticas, entre las cuales ocupan el primer lugar el control de las calorías en la alimentación y la práctica regular de actividad física.
No se trata de reemplazar un recurso terapéutico por otro sino de sumar en beneficio del control de la enfermedad y de la prevención de complicaciones crónicas.

Converse con su médico acerca de este tema y pida una cita con su nutricionista para ajustar los temas vinculados a su dieta.


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