Limpieza de Baúl


#1

lunes 3 de mayo de 2010

LIMPIEZA DE BAUL


Sucedió este fin de semana, cuando hice limpieza exhaustiva. La primera carta que llego a mis manos fue la de Gustavo, mi primer novio con quien concienticé lo que era amor y terror a mis 23 años. Esa idea de amor la compartía en aquel entonces. Nos pertenecíamos.

En sus cartas se veía plasmado el “amor” con palabras deformadas. Era una relación posesiva, pasional, desconfiada, intranquila……y le llamábamos amor. Cuando volví a releer esas cartas, sonreí y agradecí que hoy mi vida tenia un nuevo y diferente concepto de amar.
Una carta, la que menos contenido de pasión tenía, expresaba una fusión de nosotros dos con júbilo y orgullo. Decía que se sabía afortunado en haber encontrado a “su media naranja”, a su “complemento”. A la par dejaba mostrar pequeños párrafos con rimas falsas, con palabras comunes, con miel entre líneas. Ese era Gustavo. Esa era yo, la que se permitía estar con alguien sin estar convencida del amor que le tenía, mucho menos el amor que me tenía yo.

Los recuerdos llegaban sin control. Recordé esa vez que discutíamos, una vez más, fuera de casa de sus padres. Me expresaba la inquietud que sentía al recordarme con mi ex pareja, quien fuera tiempo atrás su amigo. Las palabras se derivaron en gritos y se transformaron en groserías. Levantaba tanto la voz que me aterraba escuchar sus palabras. Sentía que iba a lastimarme, sentía que iba a perder el control, más de lo que ya lo estaba haciendo. Recuerdo que ese día intentaba hilar palabras coherentes que pudieran tranquilizarlo y que me permitieran escapar de ese momento, mas no de él.

Fue un gran reto separarme de Gustavo. Supongo que la vida me dio la oportunidad de hacer algo por mí, pues en el trabajo me ascendieron a una plaza en Guadalajara y me ofrecían otra vida, literalmente, otra vida.

Decirle adiós a Gustavo fue un constructo de ideas y de valentía. Apenas hoy, a mis 38 años, se que era una mujer fuerte, solo que el promovía mi falsa idea de Ser la Mujer Débil, la que necesitaba de alguien para salir adelante; también hoy entiendo que eso resultaba conveniente para ambos.

Gustavo tuvo más nombres en lo subsecuente. Fue Javier, Andrés, Joel. Unas veces llegaban con sigilo y otras llegaban con estruendo para ser visto, pero siempre se convertía en el mismo tipo de Gustavo inseguro y demandante que solía ser.

Cuando decidí romper el patrón, fue inquietante. A pesar de tener mi profesión en la que solía destacarme con orgullo, debajo era una mujer muy insegura con muchos miedos a estar sola. La decisión no llegó de manera súbita. Después de estar atenta a lo que la vida me expresaba, y a las señales de las que pasé inadvertida muchas veces, logré ver un buen día, no sé cual, que en realidad estaba sola con estos hombres que “me llegaban”, o como diría mi terapeuta, que yo elegía. Empecé muchas terapias y siempre pensaba que después de 2 meses de acudir a sesiones, ya estaba “bien”. Leía libros de codependencia, de autoestima femenina, de hombres abusivos, de mujeres sumisas…., y mi razón entendía esos conceptos, para nunca hacían ese “clic” que necesitaba para conducir mi vida.

Llegue una vez mas a terapia y recuerdo cuando vi a mi terapeuta la primera vez y le dije, debo estar bien, no importa lo que cueste, no importa lo que dure, no importa lo que invierta, debo estar bien, DEBO ESTAR BIEN, a lo que ella me cuestionó: debes estar bien Sofía?, o quieres estar bien?. En ese instante fue el primer descubrimiento de estar depositando, incluso mi bienestar, en el “deber ser”, más no en lo que realmente quería.

La decisión de estar literalmente hasta el gorro, fue la decisión más valiosa para afrontar mi vida con valentía, fuerza y hoy me gusta decir, con dignidad.
Me reconstruí en terapia. Aprendí el valor de mi historia de vida para seguir imitando patrones, creencias, paradigmas que ya no me funcionaban hoy como la mujer adulta y fuerte que soy.
Agradezco a la vida la oportunidad de ponerme lentes para ver con claridad la situación y dejarme de contar historias que ni si quiera existían. Entendí que amar era tarea de uno, primero, para después aprender a compartir, a compartirme. Entendí que amar no es ser medias naranjas, sino ser naranjas completas. Entendí hoy, a mis 38 años que nunca es tarde para empezar a recrearse bajo nuevos y vigentes valores.

Depurar la caja de recuerdos ha sido la última dinámica que mi terapeuta me pidió para cerrar este ciclo. Ha sido gratificante deshacerme de esos papeles que hasta hoy tenía con la leyenda A M O R E S. Esos papales eran el testimonio fiel de mi historia con relaciones de apego. Esos papeles estaban llenos de miedos, miedos de ellos, miedos míos.

Hoy sigo volando, sigo creciendo y a veces solo me da por caminar; pero HOY, soy una mujer que se goza y que sabe estar tardes, días, semanas, meses, en compañía de ella misma. Hoy me he dado incluso la oportunidad de volver a confiar en mí y atreverme a vivir, sin ese afán de control que me hacía hacer lo que fuera para que no me dejaran. Hoy me permito seguir viviendo. Hoy sé que quiero, que no quiero; que me gusta, que me disgusta; que quiero seguir haciendo o deshaciendo. Hoy no necesito jalar a nadie ni que nadie me jale, hoy necesito holgura para poner mis pasos donde yo quiera y como yo los quiera dar.

SOFÍA.

DINÁMICA DE DESAPEGO: Limpieza de baúl.

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