Los frutos secos y la enfermedad cardiovascular


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La enfermedad cardiovascular sigue siendo una de las principales causas de muerte en nuestro país y está bien documentado que cambios adecuados en el estilo de vida son favorables tanto en términos de prevención primaria como secundaria. Como parte de una alimentación saludable que refuerce la prevención de enfermedades cardiovasculares, se ha estudiado los efectos potenciales sobre la salud de la ingesta regular de frutos secos en el marco de una alimentación saludable. Diversos estudios epidemiológicos prospectivos realizados sobre amplias cohortes han mostrado consistentemente una relación negativa entre el consumo regular de pequeñas cantidades de frutos secos y el riesgo de morbimortalidad de origen cardiovascular y de mortalidad por todas las causas. El análisis de estos estudios refleja que el consumo regular de pequeñas cantidades de frutos secos reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular en un 30-50 %, evidenciándose una mejora del perfil lipídico, reducción significativa de los niveles de colesterol total y colesterol LDL con escaso o nulo efecto sobre las HDL.

Aunque los frutos secos pertenecen a diferentes familias y géneros botánicos, su composición proximal en agua, macronutrientes y fibra es bastante similar. La característica más notable es su elevado contenido energético. Resulta especialmente relevante su contenido lipídico que supone entre el 44% en los pistachos y más del 70% en los maníes (a excepción de la castaña en la que es sólo del 2,3%). Respecto al perfil de ácidos grasos es importante resaltar su elevado contenido en ácidos grasos monoinsaturados (oleico) y ácidos grasos poliinsaturados (mayormente linoleico, y especialmente de alfa-linolénico en las nueces). La suma de los ácidos grasos insaturados constituye aproximadamente un 90% del total de ácidos grasos. El resto son ácidos grasos saturados, siendo el ácido esteárico el más abundante, el cual se ha definido que tiene escaso efecto sobre el colesterol total debido a su fácil transformación en ácido oleico.

A su vez, los frutos secos presentan un elevado contenido de proteínas de alta calidad. Excepto en el caso de la lisina, que sería el aminoácido limitante para nueces y maníes, y el de lisina, metionina y cistina en las almendras, el aporte de los otros aminoácidos esenciales es muy aceptable, ya que cubre por encima del 75% del score.5. Además de los aminoácidos esenciales, los frutos secos presentan cantidades importantes de arginina. Este aminoácido básico es el precursor del óxido nítrico, un potente vasodilatador endógeno con propiedades antiaterogénicas. La relación lisina/arginina en los frutos secos es inferior a 1, lo que se traduce como una proteína con efecto hipocolesterolemiante.

Respecto a los carbohidratos, a excepción de la castaña fresca en la que su contribución energética constituye más del 60% del total, el contenido de este macronutriente es bastante bajo (Su contenido en micronutrientes es también relevante. Los principales minerales que contiene son magnesio, potasio, calcio, selenio, cobre y cinc, los cuales desempeñan acciones interesantes al participar a través de distintos mecanismos en el desarrollo y mantenimiento del esqueleto, del sistema nervioso y del sistema cardiovascular. Su riqueza en selenio actúa como antioxidante de forma sinérgica junto con la vitamina E - los frutos secos son fuente de vitamina E, principalmente las almendras y avellanas-, y su muy baja cantidad de sodio es importante para poder incluirlos en aquellos planes de alimentación hiposódicos donde se requiere restricción de este mineral. Por último es importante resaltar la presencia de fitoestrógenos y fitoesteroles con efectos positivos sobre el perfil lipoproteico en humanos.3

En 1998 se publicó en BMJ (British Medical Journal) un estudio de cohorte prospectivo de gran dimensión que derivó del "Nurses`s Health Study". El mismo involucró a 86.016 mujeres sanas de 34 a 59 años de edad con un seguimiento a 14 años. Después de ajustar los resultados por los factores de riesgo conocidos para la enfermedad cardiovascular, se observó que las mujeres que consumían más de cinco porciones de frutos secos (una porción equivale a 28,5 g.) por semana tenían un riesgo significativamente menor de enfermedad coronaria en comparación en comparación con aquellas mujeres que nunca consumían frutos secos o que comían menos de una porción por mes. La reducción del riesgo fue del 35% en el riesgo total de infarto de miocardio, del 39% en el riesgo de los casos fatales, y del 32% en el riesgo de infarto no fatal. El ajuste por ingesta de grasas, fibras, verduras y frutas no alteró los resultados.

Resultados más modestos fueron hallados a partir del "Iowa Women´s Health Study" donde participaron 34.111 mujeres en postmenopausia sin antecedentes de enfermedad cardiovascular. Luego de 12 años de seguimiento y de ajustar por múltiples factores de riesgo para enfermedades cardíacas y las variables de alimentación, se observó una asociación inversa, pero no estadísticamente significativa entre el consumo frecuente de frutos secos (dos o más porciones de 28,5 g por semana en comparación con menos de una porción al mes) y muerte por enfermedad coronaria.

Se publicaron los resultados del "Physicians Health Study" (2002 - EEUU) donde 21.454 participantes masculinos completaron un cuestionario abreviado de frecuencia de alimentos de 12 meses de seguimiento. Los participantes fueron seguidos durante un promedio de 17 años. Los resultados muestran que la ingesta de frutos secos por medio de la alimentación se asoció con una reducción significativa del riesgo de muerte súbita cardíaca luego de controlar los factores de riesgo cardíacos conocidos y otros hábitos de alimentación. Comparando los hombres que rara vez o nunca consumieron frutos secos, aquellos que consumían frutos secos 2 o más veces por semana tuvieron un riesgo reducido de muerte súbita cardíaca y el total de las muertes por enfermedad cardiaca. Por el contrario, la ingesta de los frutos no se asoció con una reducción significativa de los riesgos de muerte no súbita por enfermedad coronaria o infarto de miocardio no fatal.
Los estudios epidemiológicos realizados hasta el momento muestran una relación inversa entre el consumo diario de frutos secos y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Aún se necesita más información sobre la composición de los frutos secos, la biodisponibilidad de nutrientes y otros componentes bioactivos, mejores métodos para evaluar la ingesta habitual de frutos secos, incluyendo los biomarcadores, así como la distinción entre los tipos, la forma física, y las cantidades de frutos secos que se consumen.

Referencias:

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