Mirar televisiÓn con ojo crÍtico


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Muchas propagandas televisivas de alimentos o bebidas se contraponen claramente a los lineamientos sobre alimentación saludable de entidades especializadas.

Nadie duda de que la televisión se ha transformado en un integrante más del hogar. En efecto, lo que hace 50 o 60 años era sólo un electrodoméstico sofisticado que sólo unos pocos tenían el privilegio de disfrutar, hoy ya se multiplica en los hogares e incluso existen varios aparatos en cada casa. También ha mejorado la tecnología haciendo que la imagen que nos proyecta un televisor se asemeje a la realidad que nos circunda. Pero todos estos elementos hacen que recibamos su contenido en forma muchas veces indiscriminada y casi imperceptible, de modo que incorporamos sus mensajes hasta el punto de hacerlos propios.
Uno de estos mensajes que lamentablemente no resultan favorables en términos de vida saludable es el referido a los avisos comerciales (las “publicidades”) de alimentos. A partir de esta observación, expertos de la Armstrong Atlantic State University, en Estados Unidos estudiaron de manera comparativa el contenido nutricional de los alimentos cuyo consumo era alentado desde la televisión, con las recomendaciones nutricionales vigentes. Para ello se observaron y registraron los avisos comerciales durante 84 horas del horario central de programación y 12 horas de la programación de los sábados a la mañana, durante el otoño de 2004.
Los resultados del estudio comparativo demostraron que, si se adoptara una dieta tal como la recomendada desde la TV se consumiría 2.560% de la ingesta diaria recomendada de azúcares, el 2.080% de las recomendaciones de grasa, el 40% de la recomendación de vegetales, el 32% de la cantidad propuesta de lácteos y el 27% de la de frutas. Es decir, que la “dieta de la televisión” podría brindar una cantidad notoriamente excesiva de proteínas, grasas totales y grasas saturadas (desaconsejadas por sus efectos cardiovasculares), de colesterol, de sodio y, por supuesto, de calorías. A ello se sumaría el aporte inferior al recomendado de hidratos de carbono, fibras, vitaminas A, D y E, hierro, fósforo, magnesio, cobre y potasio. Todo esto implicaría, en términos simples y sencillos, un aporte excesivo de calorías (con el consiguiente riesgo de obesidad y desarrollo ulterior de diabetes de tipo 2) y la falta de fibras, vitaminas, minerales y antioxidantes de tipo natural.
Los resultados eximen de mayores comentarios. Sin embargo, es necesario hacer algunas reflexiones. En primer lugar, es seguro que la televisión no es el único método (o no debería serlo…) de obtener información ni tampoco la guía nutricional que deberíamos seguir a pies juntillas. Recurrir a nuestros abuelos y sus prácticas alimentarias, apelar a nuestras pautas culturales ancestrales y documentarnos en entidades científicas o profesionales de la nutrición, son fuentes de información y de guía que no pueden ser desechados. La decisión, por lo tanto, está en nuestras manos. No obstante, es destacable no perder de vista la experiencia estadounidense y pensar qué sucede con los niños o los adolescentes, que muchas veces pasan frente al televisor mucho tiempo más que los adultos. En ellos, contrarrestar estos mensajes se vuelve una misión importante en la familia y en la escuela, considerando que una alimentación saludable es tan importante, desde el punto de vista preventivo, como una vacuna o el control pediátrico. Muchos pediatras también en la actualidad dedican un tiempo sustancial de sus consultas de control en reforzar pautas de alimentación infantil. A ellos también hay que oírlos y transmitir dudas, del mismo modo que se hace respecto a otras pautas de vida.
En síntesis, la televisión muchas veces no transmite mensajes saludables respecto a la alimentación, estos mensajes suelen contraponerse a pautas o recomendaciones de alimentación saludables elaboradas por organismos nacionales o internacionales. Es tarea de todos ayudar a modificar esas pautas y adoptar una mirada crítica, tanto nosotros como nuestros familiares, de modo de lograr una mejor calidad de vida y prevenir enfermedades crónicas como la diabetes de tipo 2.

Editora Médica Digital, julio de 2010


http://www.diabetesonline.com.ar/default.asp?pagina=publico/comu/art_074.asp





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