Precio de los alimentos y resultados alimentarios y sanitarios


#1

A 20 años del estudio CARDIA

Precio de los alimentos y resultados alimentarios y sanitarios

Las políticas para aumentar el precio de ciertos alimentos poco saludables pueden ser eficaces para orientar a los adultos hacia una alimentación más sana y contribuir a la reducción del peso o de los niveles de insulina.

Kiyah J. Duffey, PhD; Penny Gordon-Larsen, PhD; James M. Shikany, MD; David Guilkey, PhD; David R. Jacobs Jr, PhD; Barry M.
Popkin, PhD

Intern Med 2010;170 (no. 5), Mar 8


Aunque las políticas de precios, tales como la aplicación de impuestos, se están comenzando a emplear para enfocar la obesidad, la diabetes y otros problemas sanitarios relacionados con la nutrición, hay pocas investigaciones sobre el impacto de los cambios de precios sobre el consumo de alimentos y sobre la salud.


Como compensación por el mayor costo de los alimentos saludables (frutas y verduras), especialistas en salud pública y políticos han sugerido aumentar los impuestos sobre los alimentos ricos en calorías, grasas saturadas o azúcar o subsidiar los alimentos más saludables.


A fin de investigar adecuadamente el efecto de los cambios en los precios sobre la salud, es necesario estudiar los efectos directos e indirectos de los cambios de precios sobre el consumo alimentario. Éstos comprenden:


1 - La elasticidad de la demanda según los precios, es decir, el cambio en la cantidad consumida de un producto como resultado del cambio de precio de ese producto.


2 - Los efectos indirectos sobre complementos y sustitutos, es decir otros alimentos cuyo consumo se podría afectar por los cambios de precio de un determinado alimento. Por ejemplo, se podrían estudiar los cambios en el consumo de jugo de frutas o de leche en respuesta a cambios en el precio de las gaseosas.


Los autores investigaron las tendencias seculares en los precios de determinados alimentos y bebidas y su asociación con el consumo (elasticidad de la demanda según los precios), la ingesta calórica total, el peso y la puntuación HOMA-IR (homeostasis model assessment of insulin resistance), durante el curso de 20 años en el estudio Coronary Artery Risk Development in Young Adults (CARDIA). Para ello emplearon la medición directa del consumo a nivel individual y los datos sanitarios vinculados con los precios en cada población.


MÉTODOS


Población


El CARDIA es un estudio multicéntrico, longitudinal, de los determinantes y la evolución del riesgo de enfermedad cardiovascular en adultos jóvenes negros y blancos en los EE. UU. El relevamiento original fue completado por 5.115 adultos de 18-30 años, de 4 ciudades de los EE. UU. Los estudios de seguimiento se realizaron 2, 5, 7, 10, 15 y 20 años después del inicio, con tasas de retención del 91%, 86%, 81%, 79%, 74% y 72%, respectivamente. Para este estudio se emplearon los datos de los años 0 (1985-1986), 7 (1992-1993) y 20, (2005-2006) que son los años en que se obtuvieron los datos sobre alimentación.


Precios de los alimentos


Los precios de los alimentos fueron recolectados por el Council for Community and Economic Research. De estos datos, los autores seleccionaron las siguientes variables entre bebidas y alimentos, que eran comparables con los datos de consumo del estudio CARDIA: gaseosa (envase de 2 l), leche entera (envase de 1,9 l), hamburguesa (0.113 kg) y pizza (29,4-33,0 cm de diámetro, con masa chata (éstas dos últimas no caseras).


Se incluyó también una selección de precios de alimentos y bebidas supuestamente complementarias y de reemplazo: cerveza (6 envases de 360 ml), vino (botella de 1,5 l), café molido (envase de 450 g) bananas (450 g), churrasco (450 g), queso parmesano rallado (224 g) y pollo frito (trozado, pata y muslo, adquiridos en comercios). Para tener en cuenta la inflación, se empleó el índice de precios al consumidor de EE.UU. del último cuatrimestre de 2006, como base para aumentar los valores nominales para todos los precios a dólares de 2006.


Evaluación alimentaria


El consumo alimentario habitual se evaluó mediante la anamnesis alimentaria del estudio CARDIA seguida por un cuestionario sobre frecuencia de consumo. Se emplearon dos clases de bebidas y de alimentos consumidos fuera de la casa: leche entera, gaseosas o refrescos (azucarados), hamburguesas y pizza.


Antropometría y resistencia a la insulina


Se midieron la talla, el peso y las concentraciones de insulina y glucosa en ayunas.

La puntuación HOMA-IR, que mide la resistencia a la insulina, se calculó como: [Glucosa en ayunas (en milimoles por litro) x Insulina (en microunidadespor litro)]/22,5. Las puntuaciones más altas indican aumento de la sensibilidad a la insulina.

Covariables

En cada período de estudio, se aplicaron cuestionarios sobre variables sociodemográficas y determinadas conductas relacionadas con la salud, (edad, nivel educativo, ingresos y estructura familiar). Se evaluó también la actividad física mediante el cuestionario del estudio CARDIA. Se ajustaron todos los modelos al costo de vida. La muestra final comprendió 12.123 observaciones de 5112 participantes en el estudio CARDIA.

RESULTADOS

El precio real (ajustado para la inflación) de las gaseosas y de la pizza descendió continuamente entre el año 0 del estudio (1985) y el año 20 (2006).
El mayor descenso fue para las gaseosas. Los precios de las hamburguesas (consumidas fuera de casa) y de la leche se mantuvieron relativamente estables.

La proporción de personas de la muestra que consumían gaseosas disminuyó, pero entre los consumidores las calorías provenientes de las gaseosas se mantuvieron relativamente constantes, lo que produjo la disminución global enlas estimaciones del consumo calórico diario por persona.

Los cambios en los precios de gaseosas y pizza se asociaron con cambios en la probabilidad de consumo, así como en la cantidad consumida. El aumento del 10% en el precio de las gaseosas produjo el descenso del 3% en la probabilidad de consumir gaseosas y la disminución de la cantidad consumida (entre los consumidores).


Los resultados del estudio sugieren que el aumento del 10% en el precio de las gaseosas se asocia con la disminución media del 7,12% en las calorías diarias obtenidas de las gaseosas (P < 0,001) (debido al menor consumo).


El aumento del 10% en el precio de la pizza se asoció con el aumento medio del 3,11% en las calorías diarias obtenidas de las gaseosas (P = 0,01), en relación con la disminución del 11,5% en las calorías diarias derivadas de la pizza (P < 0,001).


El precio también estuvo en relación con el consumo calórico total, el peso corporal y las puntuaciones HOMA-IR. El aumento de $1,00 en el precio de las gaseosas se asoció con una media de 124 kilocalorías diarias menos (P = 0,001), 1,05 kg menos de peso (P = 0,006) y una puntuación HOMA-IR de 0,42 menos (mejoría de la resistencia a la insulina) (P < 0,001). Las asociaciones entre precio y los tres resultados fueron constantes tanto para las hamburguesascomo para la pizza compradas en comercios.


El aumento de $1,00 en el precio de ambas, las gaseosas y la pizza se asoció con mayor cambio en el consumo total de energía que cuando se aumentó el precio de sólo uno de estos alimentos.

Por ejemplo, aumentar el precio de las gaseosas o de la pizza produjo una media de 124 (P = 0,001) y 58 (P = 0,002) menos kilocalorías diarias, mientras que el aumento de $1,00 en el precio de ambas produjo una media de 181 (P < 0,001) menos kilocalorías diarias. Se observó una tendencia similar para el peso corporal y las puntuaciones HOMA-IR. MMENT

Los resultados de este trabajo proporcionan datos que avalan fuertemente los posibles beneficios sanitarios de aumentar los impuestos para determinados alimentos y bebidas. Los autores destacan que el aumento en el precio de las gaseosas y la pizza se asocia con la disminución significativa del consumo calórico diario derivado de estos productos. Los aumentos de precio de las gaseosas y la pizza también se asociaron con disminuciones significativas del consumo calórico diario global, menor peso y menores puntuaciones HOMA-IR durante los 20 años del estudio.


Los autores estiman que un impuesto del 18% produciría la disminución de 56 kcal en el consumo calórico total entre los adultos jóvenes y de mediana edad. A nivel demográfico, esta disminución de 56 kcal por día produciría la reducción de unos 2,25 kg por persona por año y reducciones significativas de los riesgos de la mayoría de las enfermedades crónicas relacionadas con la obesidad. Estos resultados son similares a los de otras investigaciones. En un estudio realizado en México se informó que aumentos del 10% se asociaron con la disminución de 7 y 23 kcal/d provenientes de la leche entera y de las gaseosas, respectivamente, en una muestra de adolescentes y adultos. Si bien hay diferencias en la magnitud de los efectos, no es posible la comparación directa debido a diferencias metodológicas entre los estudios.


CONCLUSIONES

Los resultados del estudio sugieren que las políticas nacionales, provinciales o locales para aumentar el precio de los alimentos y bebidas menos saludables pueden ser un mecanismo posible para orientar a los adultos hacia una alimentación más sana. Si bien estas políticas no resuelven por entero la epidemia de obesidad y pueden enfrentar la oposición de los fabricantes y vendedores de estos productos, podrían ser una estrategia importante para abordar el exceso de consumo, ayudar a reducir la ingestión calórica y posiblemente contribuir al adelgazamiento y a menores tasas de diabetes entre los adultos.



#2

Si Naty, las Políticas de Salud tendrían que aplicar los resultados de este estudio científico para lograr revertir estos riesgos de Epidemias y Pandemias como son la Obesidad y la Diabetes mellitus.
Un abrazo para ti.


#3

Los niños de EE. UU. se llenan de “calorías vacías” (40 por ciento proviene de grasa y azúcares)
Expertos advierten que el exceso de grasa y azúcares añadidas llevará a problemas de salud más adelante.

Expertos en nutrición han examinado las dietas de los niños típicos de EE. UU. y lo que vieron no les gustó. Casi el 40 por ciento del consumo calórico de los niños proviene de grasa sólida y azúcares añadidas.

Las llamadas “calorías vacías”, sobre todo de los refrescos, la pizza y los postres, fomentan la epidemia de obesidad entre los jóvenes y los ponen en riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el peso, como diabetes y enfermedad cardiaca, advirtieron investigadores del gobierno de EE. UU.

“No es suficiente limitarse a reformular los productos. Hay que reducir el flujo de calorías vacías en la cadena alimenticia”, señalaron las dietistas Jill Reedy y Susan M. Krebs-Smith, de la división de control del cáncer y ciencias de la población del Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU. en Bethesda, Maryland.

Los hallazgos aparecen en la edición de octubre del Journal of the American Dietetic Association.

Los investigadores examinaron datos de la Encuesta nacional de examen de salud y nutrición, y calcularon las grasas sólidas y las azúcares añadidas mediante la Base de datos de equivalencia de MyPyramide del USDA (Departamento de Agricultura de EE. UU.), según un comunicado de prensa del editor de la revista y de la American Dietetic Association.

Las principales fuentes de energía para los niños de dos a 18 años eran postres de harina, pizza y refrescos, encontraron. Las bebidas endulzadas con azúcar (refrescos o bebidas de frutas) proveían casi el diez por ciento de la ingesta calórica total. La mitad de las calorías vacías de los niños provenían de seis comidas: refrescos, bebidas de fruta, postres lácteos, postres de harina, pizza y leche entera.

Las fuentes de energía variaban según la edad. Las cinco principales fuentes de energía de los bebés de dos a tres años incluían leche entera, jugos de fruta, leche reducida en grasa, pasta y platos de pasta. Las cinco opciones principales de los niños de cuatro a ocho años también incluían pasta y leche reducida en grasa, encontraron los investigadores.

Las fuentes de energía también variaban según la raza y la etnia, señalaron los dietistas. Entre los niños negros, las bebidas de fruta, la pasta y los platos de pasta eran las principales fuentes de energía, mientras que las fuentes de los niños estadounidenses de origen mexicano incluían platos mixtos y leche entera. Los negros y los blancos consumían más energía de los refrescos y las bebidas de fruta que de la leche, mientras que los niños estadounidenses de origen mexicano obtenían más energía de la leche que de bebidas azucaradas, mostraron los datos.

El azúcar añadida es especialmente dañina, según la Dra. Rae-Ellen W. Kavey, cardióloga pediátrica del Centro Médico de la Universidad de Rochester, que escribió un comentario acompañante en la revista. Las consecuencias de salud incluyen aterosclerosis acelerada y enfermedad cardiovascular precoz, advirtió Kavey en el comentario de prensa.

“Reducir el consumo de bebidas endulzadas con azúcar debería considerarse como un método dietético crítico para reducir el riesgo cardiovascular en la niñez”, añadió Kavey.

Un segundo estudio en la revista encontró que las máquinas expendedoras en las escuelas secundarias atraen a los estudiantes sobre todo para que compren refrigerios y bebidas, aunque se ofrezcan opciones más sanas.

FUENTE: American Dietetic Association, news release, Oct. 1, 2010


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