Tomar refrescos aumenta 26% riesgo de diabetes


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Beber uno o dos refrescos al día, además de favorecer el aumento de peso, repercute directamente sobre nuestra salud elevando el riesgo de sufrir diabetes tipo 2. Aunque no sólo hablamos de refrescos, pues entre las bebidas azucaradas están los zumos envasados, los preparados deportivos o energéticos, las aguas vitaminadas, los tés fríos o los concentrados de frutas. En un nuevo estudio publicado en la revista Diabetes Care se recuerda que estos productos pueden causar sobrepeso, pero que, además, tienen efectos independientes relacionados con las enfermedades metabólicas.

Los datos se basan en una revisión de 11 investigaciones anteriores, que juntas sumaban más de 300.000 participantes. Los resultados no sólo mostraron la relación entre un consumo elevado de estas bebidas con la incidencia de diabetes tipo 2, o del adulto, sino también con el riesgo de desarrollar síndrome metabólico, o lo que es lo mismo, una combinación de síntomas -presión elevada, niveles altos de insulina, sobrepeso o colesterol alto- que se dan juntos, aumentando el riesgo de padecer enfermedad cardiovascular, infarto y diabetes. Este consumo elevado se cifraría la toma de una o dos bebidas al día mientras que un consumo bajo sería de una o ninguna bebida al mes.

¿Por qué son poco saludables?

Este tipo de bebidas se caracterizan por tener un alto nivel de azúcar añadido, por un lado, y muy poca capacidad saciante, por otro. Estos altos niveles de carbohidratos en forma de azúcares que son absorbidos muy rápidamente favorecen el sobrepeso pero, más allá de si engordan a quien los toma, tienden a producir resistencia a la insulina y otros desajustes ligados al desarrollo de diabetes.

Para los autores de la investigación, debería limitarse el consumo de estas bebidas como modo de prevenir la obesidad y sus enfermedades asociadas, aunque indican que su distribución es elevada tanto en los países desarrollados (estas bebidas son la primera fuente de azúcares añadidos en la dieta de los norteamericanos) como en aquellos en vías de desarrollo (India y China aumentaron su consumo en un 14 y en un 18% respectivamente en 2007). Es más, los investigadores recuerdan que un consumo elevado de estos productos a veces es un marcador de una dieta insaludable, en que también es mayor la presencia de grasas saturadas y trans y menor la de fibra.

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