Tristeza en niños y el diagnóstico de diabetes tipo 1


#1

Entre los papás de niños con diabetes tipo 1 siempre hay pláticas sobre la preocupación que hay de sí los niños con diabetes tipo 1 pasan por periodos de tristeza. Aquí hay algunos pensamientos e ideas que debemos tomar en cuenta a medida que nuestra familia se adapta y ajusta al vivir diario con diabetes tipo 1.

En realidad, no creo que no exista una sola persona que no haya sentido (en mayor o menor grado) tristeza, miedo o enojo tras el diagnóstico de la diabetes. Creo que cada uno de nosotros es distinto. A medida que los niños crecen, los sentimientos que tienen sobre su diabetes cambian. Tener un cuerpo saludable y una mente activa y darse cuenta de cómo una afecta a la otra es una parte vital de vivir con una condición crónica.

  1. OPINIÓN POSITIVA: Generalmente trato de dar mi opinión positiva lo más que puedo. Si mi hija pregunta si llegará el día de la cura le platico sobre las investigaciones en curso y de los proyectos que existen actualmente. Los niños muy pequeños pueden comprender y emocionarse sobre estas investigaciones y la tecnología misma.

  2. ESPERANZA: Llenar los corazones de estos pequeños con esperanza es importante. Hacerles ver que uno siempre estará ahí es también una gran respuesta. Además entre más cerca estemos mejor podremos identificar sus sentimientos y ayudarles a pasar momentos difíciles.

  3. PIDE AYUDA: Reúnete con el equipo de profesionales al cuidado de la salud de tu pequeño o pequeña sin el o ella presente. Platica sobre las preocupaciones que tienes sobre su salud emocional. Seguramente te ayudarán a lidiar con ello o a orientarte con un especialista especial para este tipo de situaciones.

  4. CREA COMUNIDAD: En DIABETES HANDS FOUNDATION iniciamos nuestro trabajo diario pensando en que somos muchos y que NINGUNO debería sentirse solo. Sabemos que entre más información publiquemos y más de nuestras vidas platiquemos más grande será la posibilidad de ayudar a otros que pasarán por donde nosotros ya estuvimos.


Padres de niños con diabetes
#2

Una noche, hace ya 6 años, Celia se despertó. O no.

Estaba en su cama, de madrugada, cuando abrió los ojos y vio unos enanitos que jugaban y bailaban al corro, rodeándola. Los enanitos eran translúcidos, como Casper el fantasmita, pero, aunque se reían mucho, sus risas daban miedo, mucho miedo. Sobre todo uno de ellos, que debía ser el jefe, se echaba encima de Celia enseñando los dientes al reír, y la empujaba una y otra vez hasta que consiguió tirarla de la cama.

Celia intentó levantarse, pero no la dejaban. La sujetaban y le impedían mover las piernas y caminar, así que, una vez en el suelo, empezó a arrastrarse para buscar a sus padres y pedirles ayuda. El pasillo era largo y Celia se arrastró, acosada por los enanitos burlones, que la hacían tropezar y caer cada vez que intentaba ponerse en pie.

Por fin llegó al dormitorio de sus padres, que se despertaron sobresaltados y vieron la cara de Celia reflejando el terror. Cuando le preguntaron qué le pasaba, Celia vio, con pánico, que le sujetaban también la lengua y le impedían hablar.

Menos mal que los padres se dieron cuenta de quién era el jefe de aquella banda y los hicieron batirse en retirada usando las armas más potentes que se conocen: Glucagón y azúcar.

En casa siempre hay esas armas para derrotar a los enanitos, pero Celia sabe que, si se descuida, aparecerán de nuevo.

Saludos


#3

este relato , me parece muy significativo de como los ninos que son inocentes aun, “interpretan” esos sintomas d dbts!!! por eso, me permito “copiar” para que otros padres lean y les ayude, aunque sea un instante, a comprender aun mas; esta dificil tarea q les toca afrontar con sus hijos!!!


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