Un minuto de amor puede valer la vida entera


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Amar es un arte que jamás tendremos dominado y en el que nos estamos jugando nuestra plenitud como personas, es decir, nuestra propia felicidad, que es algo contagioso y una aspiración irrenunciable del corazón humano.

Aprender es un signo de juventud, mantener abierta la ilusión por seguir sabiendo es muestra de sabiduría. Se trata de ser joven y sabio, de aprender a amar HOY.

Amar hoy consiste en encontrar tiempo para los dos, emprendiendo cosas juntos y olvidando esa “ojalatería”: ¡Ojalá hubiéramos hecho tal cosa! ¡Ojalá hubieramos tenido más hijos o menos! ¡Ojalá viviéramos acá o allá! Infinitos ojalásque llevan a recordar con nostalgia o resentimiento lo pasado. Eso conduce a la amargura y a la frustración. Si hay malas experiencias pasadas, éstas pueden servirnos para encontrar el modo de rectificar y dirigir la mirada hacia adelante. Así, podemos mirar juntos el mundo que nos rodea y la historia familiar con ojos de alegría; de lo contrario, tendríamos la mirada demasiado turbia y nuestro entorno se tornaría seco, monótono, rutinario…

Como, si no nos levantamos con algún dolorcito es que estamos muertos, evitemos convertirlos en un verdadero “campeonato” para acaparar la atención del otro

Abramos los ojos para contemplar la belleza que surge por todas partes, para saber apreciar un atardecer, un simpático gesto humano… que quizá lo hemos apreciado en una película y no nos damos cuenta de que se da diariamente a nuestro lado.

Un amor diferente

Si el otro ha cambiado, “nosotros” también lo hemos hecho, y por eso nuestro querer es distinto. Aunque pueda parecer menos agitado (ya no hay cosquillas o mariposas en la panza), es más sosegado, tierno y gratificante que ayer. Sin embargo, no faltan el beso de cada noche, el toquecito al despertarse… estamos cerca, estamos juntos, somos el uno para el otro, como antes, más que antes.

Hoy, más que nunca, agudicemos el ingenio para escapar cada tanto de la rutina y cultivar la sorpresa. Descubrir la importancia de las cosas pequeñas que
conforman el día a día es un don magnífico. Detrás de cada sonrisa, de cada mirada y de cada gesto que fluye espontáneamente del otro, aparecerá ese lenguaje subliminal cargado de contenido.

Cada detalle es una prueba de amor, porque significa que hemos pensado en el otro y en lo que le gusta: mensajitos por el celular a media mañana, un chocolate light debajo de la almohada, una cartita pegada en la heladera, promover un programa que sabemos que al otro le gusta, mantendrán vivo el amor.

Cultivar la amistad

Los amigos son un tesoro muy valioso que nos acompañará durante toda la vida. No faltarán oportunidades en que tendremos que hacer compatible el cuidado de nuestros nietos, sin renunciar a salidas con amigos. Recuerdo una reunión en que unos abuelos llegaron orgullosos portando a su nietita de un mes en su “huevito” y lo pasaron maravilloso, ya que debutaban en este rol rodeados de sus amigos.

El “glamour” de la entrega

Parece increíble, pero es una experiencia frecuente descubrir que uno está más enamorado de ese ser que hoy vive a nuestro lado, porque hemos comprobado que ha ofrecido su vida en este proyecto compartido: la familia.

La entrega tiene un “glamour” que muchos no sospechan. Es una vivencia repetida de muchísimos matrimonios generosos en los que la admiración por la persona ha superado con
creces la fascinación inicial.

Pocas cosas hay más agradables que una persona entrada en años y sonriente. En el atardecer de la vida se puede ver hacia atrás con suficiente perspectiva como para poner las cosas en su lugar. Aprendimos a valorar y a disfrutar de lo que realmente tiene importancia.


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