Un nuevo amanecer


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Algunas personas despiertan alegres, otras tristes, otras tranquilas, otras ansiosas pensando qué les deparará el nuevo día...

Pero hay personas que a veces no quieren despertar, que al abrir los ojos y ver la luz de nuevo, se dicen a sí mismas con fastidio: “Otro día más…”

La vida tiene matices, pasa por todos los colores.

Hay días en que tenemos un arco iris en el alma, y otros en que el dolor o la tristeza frenan nuestro deseo de vivir.

Pero hay algo que es muy importante y que debemos recordar: despertamos a la vida, abrimos los ojos a la luz, al mundo…

Somos grandes pintores y podemos transformar los negros y los grises en colores radiantes…

Depende de nuestra actitud.

Debemos aprender a cargar la mochila desde el inicio del día.

Al despertar intentemos sonreír…

Al abrir las ventanas, dejemos que esa luz penetre también en nuestros centros de energía para que todos se iluminen y nos llenen de fortaleza…

Y si nos detienen nuestros pensamientos, descartemos todos aquellos de desaliento, de dolor, de desamor…

Que resuenen en nuestra mente y en nuestro corazón estas palabras cada día:

“Me merezco todo lo mejor, hoy y siempre…”

Las mañanas tienen un encanto especial.

Los adultos dejamos de disfrutar de esos encantos: los primeros sonidos en las calles que nos avisan de que la ciudad está despertando lentamente, el piar de los pájaros, el olor a hierba…

Los niños despiertan con alegría, porque la claridad para ellos es sinónimo de vida, de juego, de alegrías, de compañía… Sólo piensan en divertirse, en jugar…

Cargan sus mochilas con toda esa energía y se preparan para disfrutar de cada momento, y al finalizar el día se duermen agotados, pero felices…

Los adultos nos olvidamos muchas veces del sol, nos olvidamos también de que cada mañana comienza un nuevo día para nosotros…

Y un nuevo día es una nueva oportunidad…


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